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miércoles, 2 de junio de 2021

Historia de un estafa frustrada

 Camino al trabajo reviso mi whatsapp y veo un mensaje de mi amiga María saludándome, sentí alegría pues  hacía más de un año que no sabía de ella. Respondí con cariño a su saludo e inmediatamente me dijo que necesitaba un favor.

Me pareció extraña la solicitud, pero en principio pensé que tal vez necesita mi ayuda en alguna gestión de la universidad o con algo relacionado a mi trabajo, pero no, me estaba solicitando que le prestara un dinero (RD$6,500) que debía enviarle a un señor por una reconocida empresa de envíos, y como argumento dijo que no quería quedar mal.


La solicitud me hizo dudar de que fuera mi amiga, porque nunca me había solicitado algo así y si hubiese tenido esa situación me llamaría de manera directa, pero al darme cuenta de que era una estafa, decidí seguirle el juego al estafador. Ya había escuchado que muchos delincuentes desde las cárceles se dedican a hackear teléfonos y números de whatsapp para timar a personas incautas.


Como imaginan, le dije que sí a la solicitud de “mi amiga María” y le pregunté si pasaría por mi casa a buscar el dinero. Claro que sabía que me diría que por mi casa no, lo que quería es que fuera yo misma a la agencia a hacer el envío y por supuesto, le dije que sí, que me diera los datos de a quién debía enviar el dinero.


Muy agradecida “mi amiga” me dijo que lo pusiera a nombre de José Francisco Jiménez Ceballos, destino Bonao y me dio como contacto el celular No. 809-206-0564. Cuando pongo este nombre el buscador de Google, aparece la información de que en julio de 2019, este personaje era sometido a la justicia porque se dedicaba, junto a su hermano José Antonio Jiménez Cruz, a estafar por las redes sociales.


En publicación en distintos medios de comunicación reseñan en esa fecha que la Oficina de Atención Permanente de la provincia Duarte le dictó tres meses de coerción al hermano  mientras que él se  encontraba recluido en la cárcel de La Vega.


Durante todo el día entretuve al estafador siempre dándole la esperanza de que le iba a poner el envío del dinero, hasta que al final de la tarde, luego de la insistencia de “mi amiga”, le deje saber que estaba al tanto de quien era, a lo que reaccionó quitando la foto de mi amiga del perfil de whatsapp y bloqueé el número y lo reporte a la aplicación.


Asombroso


Varias cosas impresionan de esta experiencia, primero que estas personas sigan estafando aun cuando se supone que están recluidas en una cárcel nacional y que los privados de libertad no deben tener acceso a tecnología. Además, que la Policía Nacional no tenga mecanismos eficientes para impedir que estos delincuentes sigan operando  y engañando a la gente.


Igual sorprende, que con tantas denuncias de estafas usando envíos, las agencias en colaboración con la Policia, no tengan un mecanismo o filtro que les permita identificar cuando van a nombre de personas que están privados de libertad y además, acusadas de estafa.


No hay una policia preventiva que trabaje justo buscando mecanismos que eviten este tipo de delitos y así ofrecer seguridad a la ciudadanía.


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