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lunes, 31 de mayo de 2021

Vaivenes emocionales entre Haití y RD

 La última tormenta diplomática en un vaso de agua entre República Dominicana y Haití por la represa del río Masacre nació como lo que ha ocurrido siempre entre las dos naciones: falta de entendimiento y sospechas en un momento de dificultades comunes.

La declaración de las dos cancillerías, que invocan los planteamientos del Tratado de 1929 que ya para esa época tomaba en cuenta el uso racional de los recursos hídricos para el bienestar común de los dos países y sus poblaciones fronterizas, tiene vigencia como ayer. Muchos de los problemas fronterizos entre República Dominicana y Haití vienen desde lejos y han sido objeto de descuido por parte de las dos naciones, que no siempre han contado, mayormente la haitiana, con el sosiego de un régimen e instituciones estables.


Haití no ha tenido paz en los últimos años y aun cuando no ha sido el caso dominicano, la pandemia COVID-19 ha sido una razón de completa intranquilidad, de ahí que cuando se publicaron las primeras informaciones sobre las obras del río Masacre, se levantó la sospecha.


El Tratado de Paz, Amistad Perpetua firmado el 20 de febrero de 1929, en el cual se reconoce el derecho de los dos países a utilizar las aguas de los ríos fronterizos de manera justa y equitativa, le ofrece las mismas oportunidades a las dos naciones.


Hasta que se levantó la polvareda de que la parte haitiana estaba construyendo una represa sobre el río Masacre, muy pocos tenían conocimiento de que tal cosa la habían hecho otras veces desde la parte dominicana, aprovechando ventajas y la necesidad de canalizar las aguas. El valor que tiene la declaración de los cancilleres dominicano, Roberto Álvarez, y Claude Joseph, de Haití, es el reconocimiento de que deben emprenderse los acuerdos de la Comisión Mixta Bilateral, cuyos resultados han sido acogidos por agencias técnicas exteriores.


También elaborar en el marco de una mesa técnica un protocolo para el manejo coordinado de todas las cuencas hidrográficas transfronterizas para gestionar los recursos de agua y medio ambiente de manera conjunta de acuerdo al Tratado de 1929.


Es probable que muchos dominicanos no supieran, hasta que lo dijo el presidente Abinader durante la conmemoración del ajusticiamiento del dictador Trujillo, que ese gobernante había hecho concesiones secretas al vecino país que enajenaron el territorio.


Desde esa época vienen siendo sensibles las relaciones de los dos países, sujetas a los vaivenes emocionales de los que se sienten afectados o sostienen el lábaro del nacionalismo, listo para levantar como recientemente cuando se divulgó que los haitianos represaban el Masacre.


Como Haití es el principal socio comercial dominicano y como los dos países requieren mutuamente de buena relación de amistad y buen entendimiento, quizás lo mejor que harían, como ha sido el espíritu del presidente Abinader en nueve meses, es continuar esa política sin perder el tiempo en los ruidos.

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