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viernes, 20 de noviembre de 2020

“El Olímpico” el más humilde de los inmortales

 YOEL ADAMES F.

Santo Domingo, RD

Hasta que no suene el campanazo final hay es­peranza de victoria y “Ma­nolo” –protagonista de una prolongada carrera de más de 500 peleas ama­teur- conoce el concepto como nadie.


“Nunca perdí la espe­ranza de ser inmortal, sa­bía que había dado todo por mi país y si hubiese muerto sin este logro, me iría conforme por la opor­tunidad que me dieron de defender mi bandera”, desenfrenado de alegría y entre lágrimas narra pa­ra LISTIN DIARIO su gran historia de vida el técnico por excelencia del ring y símbolo del boxeo de ciu­dad La Romana.


“Me siento feliz, mara­villoso, soy un ser superes­pecial porque estamos en el Señor y Él siempre nos tiene sorpresas que nos to­can el corazón como esta.


Agradezco a todos los que creyeron en mi elec­ción y a Dios por darme la vida para verlo”, Manuel Herrera.


The Palmas es un pe­queño hotel de Miami, donde ‘Manolo’ (como su madre le llamaba a Ma­nuel Herrera durante su niñez), ha sido lavador de platos, barrendero, orga­nizador de mesas, encar­gado de los mozos y ante todo, un dominicano ho­nesto… En ese especial lu­gar celebró en grande con sus compañeros de traba­jo su ascenso a la inmorta­lidad, 22 años después de su retiro. “Nunca le he te­mido al trabajo, luego de mi retiro del ring, eso es lo que he hecho de mi vida, trabajar con honestidad, aquí y en otros restauran­tes les he servido a ricos y pobres, a figuras que se asombran al verme, pero eso no me sonroja, le brin­do un trago, una entrada, un buen plato y lo hago sentir bien”.


Vida de sacrificio

El destino ha sido coherente ante Herrera, a sus 56 años aun no olvida sus andares descalzos en su callejón na­tal ‘Guaymate’ del sector ‘La Shell’, en La Romana.


En esa enlodada calle­juela en temporada de ma­yo, Manuel tuve que salir de ‘limpiabotas’ para ayu­dar a su madre con el sus­tento diario de la casa; pero con eso no cuadraba para la compra de alimentos.


“Nunca tuve vergüenza al trabajo, por eso hoy si­go en una cantina haciendo lo que me pidan… cuando era limpiabotas, entonces al mediodía me quitaba por un rato, guardaba la lim­piabotas y me ponía a ven­der periódicos y ahí si le cuadraba los chelitos a la vieja.


“Después que tenía más fuerza, me fui al merca­do y ‘carretillaba’ la com­pra de la gente de un lado a otro y se la llevaba a la casa si no era muy lejos… me buscaba la comida de la casa como un toro”, re­cuerda con orgullo, quien en 1983 se convirtiera en el primer campeón mun­dial juvenil de la Repúbli­ca Dominicana en cual­quier deporte.


Hijo único de doña Lila

Los sentimientos y las vicisitudes de Herrera po­drían tener muchos pun­tos de encuentros, pero ser el primogénito e hijo úni­co de Lila le dieron fuer­za para enfrentar la vida y desde muy temprana edad tratar de cambiar el am­biente de pobreza que le rodeaba junto a su madre.


La señora Lila Isabel He­rrera, de quien prefirió lle­var su apellido y asumir el reto de ser su unigénito, es el candil de su vida.


“Mi padre vive en Ba­rahona y tiene como cinco otros hermanos míos; pe­ro Lila solo me tiene a mí y yo a ella;


“Yo tengo siete hijos, so­lo una hembra, tres en el país nuestro, y cuatro en Miami”, expresa


“Son mayores de edad e independientes. Adivinen, tengo que regresar a mi país para juntarme defini­tivamente con Lila y darle todas mis atenciones, lle­vo más de la mitad de mi vida en el extranjero”, dijo Manuel Herrera, perdón, “Manolo”.


SEPA MÁS

Una carrera para la historia

Excepcional

Ha sido uno de los más grandes atletas domini­canos de cualquier dis­ciplina durante las déca­das de los 80 y 90.


Hito

En el Mundial Juvenil Aficionado, se convirtió en el primer dominicana en ganar medalla de oro en este tipo de evento.



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