Etiquetas

martes, 13 de octubre de 2020

Batista, 32 años después cumple promesa con título universidad

 Pedro G. Briceño

Santo Domingo, RD

Aunque por casi 19 años su trabajo estuvo concen­trado dentro de la famo­sa “líneas de cal”, Miguel Batista sabía que en algún momento luego de su reti­ro tenía que cumplirle una vieja promesa a su ser más amado: Emprender una carrera universitaria.


De esta manera se lo ha­bía expresado a su proge­nitora cuando en 1987, el hoy exlanzador abando­nó la carrera de turismo en la Universidad Central del Este en el momen­to en que le llegó probar en el béisbol con su firma con los Expos de Montreal, mientras apenas acudía a las aulas en el primer cua­trimestre de estudios.


Tras su retiro del béisbol en el 2012 y formar par­te de solo un puñado de dominicanos que se han despedido con 100 victo­rias (102-115) en su por­tafolio, Batista no lo pen­só mucho para iniciar la carrera de derecho en la Universidad de la Tercera Edad.


Estudioso, poeta, aman­te de leer a autores exqui­sitos como Juan Bosch, Joaquín Balaguer, Platón, Pablo Coelho, Edgar Allan Poe, Juan Luis Borges, es­critor de varios libros de poesía, novelas y cuentos, hoy cuatro años después el fiero monticulista vio cul­minar sus estudios con un índice tan elevado que sa­lió matriculado un Magna Cum Laude.


“No sé si en la vida exis­tirán muchas personas que comienzan una carre­ra, la detienen por una u otra causa y luego 32 años después retornan a las au­las y ven culminar sus es­tudios”, expresó al Listín Diario el exmiembro de 11 franquicias en Grandes Li­gas, dueño de un par de anillos más que meritorios el de su graduación y el de la Serie Mundial del 2001 en que los D- Backs de Ari­zona se impusieron 4-3 a los Yankees con un históri­co imparable de Luis Gon­zález ante Mariano Rivera en el noveno episodio.


En aquel entonces fue parte de un buen trío de lanzadores que conformó junto a Randy Johnson y Curt Schilling para detener al último gran imperio de Nueva York, que con escua­drón que conformaban De­rek Jeter, Rivera, Roger Cle­mens, Jorge Posada, Bernie Williams, Andy Pettitte, Al­fonso Soriano, Mike Mus­sina, Tino Martínez, Paul O´Neill y otros venían de humillar a sus adversarios con tres gallardetes segui­dos.


“Como muchos domini­canos, soy parte de esos tí­picos niños que tienen que abandonar la escuela en algún nivel e irse en busca de alcanzar un gran sueño, gracias a Dios que ese mo­mento lo conseguí”, señala primero sobre su pacto por 2,500 dólares con los Expos de la mano de Jesús Alou y José Pérez en 1987 y tras su retiro lo hizo con casi dos mil entradas en Grandes Li­gas (1,956.1).


A seguida agrega, “Po­der retomar los estudios re­presentó un gran paso pa­ra mí y el cumplido de una promesa que en aquel en­tonces le había hecho a mi mamá, recuerdo que esa fue la parte primordial de la disyuntiva en las discu­siones de aceptar la firma para el profesionalismo”, señala el exlanzador, cuya madre Dominga Aurora Je­rez, quien en ese momento le expresaba una y otra vez. “Mi hijo tu está seguro que quieres abandonar la uni­versidad para solo jugar béisbol”.


Miguel narra que fue un poco difícil convencerla, tu­ve que sopesar y explicarle muy bien. “Mi hijo si quie­res jugar, entonces tundra que hacer dos carreras, por­que yo quiero verte con un título universitario”, le dijo. La respuesta de Miguel fue, “Mamá yo puedo y estudia­ré aún después de viejo, pero el béisbol es algo que tengo que hacer ahora que estoy joven, no me arre­piento de haber tomado la decisión, pues no muchos jugadores pueden perma­necer tanto tiempo como 18 años como jugador y luego de esto poder exhibir un diploma universitario”, señala en su entrevista con Listín Diario.


Defender a jóvenes


Pero, luego de graduarse que sigue para Miguel Ba­tista, quien el 19 de febrero festejará su cumpleaño 50.


Haber permanecido 23 años como miembro de la Asociación de Peloteros de Grandes Ligas, entidad en la que adquirió muchos co­nocimientos, el expitcher, un abanderado de la justi­cia y quien en su estadía en la que se defendía los casos de los jugadores comenzó a conocer las nociones e im­portancia del derecho de­portivo, en el cual se tuvie­ron que defender algunos casos como el de Timo Pé­rez, quien hizo una deman­da a la Liga de Béisbol por el derecho al trabajo.


Batista entiende que en el país debe establecerse una real Ley General del Deporte, derogarla, que es­té más adaptada a los tiem­pos y las demandas de la sociedad dominicana, que se haga una Ley especial que proteja los derechos de los menores de edad que practican con miras a alcan­zar una carrera profesional porque el código de trabajo no contempla, tampoco la parte civil.


“Es alarmante la canti­dad de niños que se han quedado sin escolaridad en los pasados cuatro años, so­lo por querer buscar un sue­ño en el béisbol, que algu­nos pocos consiguen, pero la gran mayoría se marchan cabizbajos para sus hoga­res”, externa.


Cifras alarmantes


En cifras concretas, desde el 2015 hasta el año pasado, la Major League Baseball re­gistró a 21,543 jóvenes bus­cando firmar para Julio 2, pero solo acordaron 2,752, para apenas un 13 por cien­to de los inscritos, hecho que representa que 18,791 se quedaron esperando rubri­car un pacto.



 

“Esto apenas fueron los que habían sido registrados, hay otro grupo bien amplio que sus representantes no lo hicieron, y estos son ni­ños que quizás ya no retor­narán a las escuelas”, ex­presa Batista y quien afirma que esa es una responsabi­lidad del Estado Dominica­no, el que no ocurran esas deserciones de los infantes a la escolaridad.


 SEPA MÁS


 Maestría en derecho penal

 Doctorado


Tras graduarse como abogado, Batista se pre­para ahora para reali­zar una maestría en de­recho procesal penal, a fin de fortalecer sus co­nocimientos en esa área y quizás en lo adelante piensa continuar con un doctorado.


“Lo penal sería mi área a seguir, lo del derecho de­portivo es porque tengo un compromiso con el pelotero dominicano, la niñez que practica béis­bol y defender la imple­mentación de una jus­ta Ley General del De­porte.


Experiencia en aulas


Esta fue muy grata, re­cuerda que en las prime­ras semanas, los com­pañeros lo miraban fija­mente y se preguntaban. “Pero a este tipo yo lo conozco”, la mayoría se quedaban con las dudas, pero después comenzó a correrse la voz.


No hay comentarios:

Publicar un comentario