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jueves, 10 de septiembre de 2020

Trump incursiona en terreno que nadie pisó

 AP

Washington

 Por momentos, pareciera que en Estados Unidos ya no hay verdades acepta­das por todos.


--Que habrá elecciones presidenciales cada cuatro años en noviembre.


--Que las fuerzas arma­das no se involucrarán en esas elecciones.


Que tampoco incidirán manifestaciones de pro­testa.


--Que una medicina se­rá aprobada cuando la co­munidad científica diga que es segura y efectiva, no porque un político la quiere aprobada antes del día de las elecciones.


--Que Estados Unidos es un ejemplo para el mundo de transferencia pacífica del poder.


--Que una persona re­cibirá cheques, cuentas, cartas, correo chatarra y papeletas para votar a tiempo en su buzón.


Nadie jamás puso en duda estas aseveraciones. Hasta que llegó Donald Trump a la Casa Blanca y ya nada es seguro.


Hoy Estados Unidos es un país en el que inclu­so el dato frío y concre­to de que ha habido más de 189,000 muertes por el coronavirus es mirado con suspicacias por gen­te que le presta atención a teorías conspirativas y a la mala ciencia. En el que causas comunes dieron paso a argumentos tri­bales entre quienes usan barbijos y quienes no. Y en el que el presidente de­nuncia un fraude electo­ral antes de que se haya emitido un voto.


Pendientes

Trump incursiona en te­rrenos que nadie jamás pi­só, haciendo a un lado las buenas costumbres, sem­brando confusión y dicien­do cosas que nadie osaría decir. A sus partidarios eso les encanta. Sus rivales no lo soportan. Pero todos es­tán pendientes de él.


Dice que una vacuna y tratamientos para el co­vid-19 ayudarán a que sea reelegido. Insiste en que hay remedios “en camino”. Su deseo de que se produz­ca una vacuna antes de la votación hace que sus co­laboradores repitan una y otra vez que hay una o va­rias vacunas que podrían estar listas para fines de oc­tubre, asegurando que esa afirmación no busca sumar puntos políticos.


Ante tanta presión, los directores ejecutivos de nueve empresas farmacéu­ticas grandes asumieron es­ta semana un “compromiso histórico” que en tiempos normales sería algo que se da por sentado.


Prometieron “seguir res­petando altos parámetros científicos y éticos”, ante­poniendo la seguridad y el bienestar de las perso­nas. Dijeron que pedirán la aprobación de vacunas pa­ra el COVID-19 solo des­pués de que se hayan com­pletado estudios clínicos que satisfacen los requisitos del gobierno.


En otras palabras, no to­marán atajos por razones políticas.


En lo que respecta a la imagen que tienen los esta­dounidenses de sí mismos como una democracia ejem­plar, el país puede haber perdido el derecho a presen­tarse como un modelo hace 20 años, cuando máquinas anticuadas y una votación extremadamente pareja en la Florida produjo un impas­se entre George W. Bush y Al Gore y el caso terminó en la Corte Suprema. El demó­crata Gore, no obstante, dio un paso al costado cuando el tribunal emitió un polé­mico fallo a favor del repu­blicano Bush y la transferen­cia del poder se produjo sin más tropiezos


GARANTÍAS

Militares.

Donald Trump planteó la posibilidad de poster­gar las elecciones, pro­puesta que fue vetada por los propios republi­canos del Senado. Otra interrogante: ¿Interven­drán las fuerzas arma­das en apoyo de Trump ... si pierde y no quie­re irse? El general Mark Milley, jefe del estado mayor conjunto, dijo que los militares no in­tervendrán.

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