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martes, 25 de agosto de 2020

Las contradicciones de la ley del aborto

 Dra. Patricia E. Acra

Santo Domingo

El debate sobre el aborto está basado en falsificaciones y distorsiones de una realidad ineludible que algunos intentan justificar para evadir, con argumentos débiles, lo que es irrefutable ante la claridad científica. 


Es un debate entre quienes desean ver la verdad y quienes eligen hacerse ciegos a la misma. Se discute sobre una vida, así es, una vida, que unos desean que prevalezca y otros desean eliminar, y a partir de esa verdad es que tenemos que tomar cualquier decisión.


 El que está en contra, acusa de asesina a la mujer que elige abortarlo. El que está a favor, ve a los antagónicos como pocos empáticos y pocos piadosos en relación a la condición de una madre en una situación de vida difícil e inconveniente.


 Honestamente, me sigue sorprendiendo que haya incluso debate de un lado o de otro porque se trata, simple y llanamente, de dos vidas de dignidad equivalente.  Una que vive dependiente biológicamente y otra que vive de manera autónoma, pero ambas vidas guardan la semejanza de existir y, por tanto, son ambas que se deben ayudar, no una más que otra ni una a expensa de la otra porque, en ese caso, devaluaríamos la vida misma, tanto de la mujer, que queda a expensas del aborto como única opción de encaminar su difícil situación, como la del bebé, que enfrenta, injustamente, la muerte violenta y despiadada, sin haberle faltado a nadie, y nos contradeciríamos.


 La confusión que se basa en la falsedad de que lo que está dentro del vientre de la madre no es vida, es insostenible desde el punto de vista científico. Hay evidencias que confirman exactamente lo contrario. La ciencia respalda la existencia de un patrón genético totalmente independiente desde el mismo momento de la concepción, mucho antes de que la madre sepa que está embarazada. Sin ella darse cuenta de manera consciente, ya todo su ser se transforma para acoger la nueva vida dándole la bienvenida.


 Podemos demostrar que solo en raras ocasiones una mujer violada queda embarazada, sencillamente por la incapacidad de la víctima de lograr relajarse durante el acto que la atropelló, sorprendiéndola. La tensión del momento crea una alteración de la mucosidad vaginal que dificulta la llegada del esperma a fecundar al óvulo y producir el embarazo.


Podemos demostrar que en la mayoría de las ocasiones en que una madre corre peligro de muerte por enfermedad durante el embarazo, se puede efectivamente preparar a ese feto y a esa madre para un parto prematuro y así se salven ambas vidas.


Podemos demostrar que una madre, en su sano juicio, no desecharía un hijo, una hija porque tiene cáncer, o porque tuvo un accidente y quedo paralítico, paralítica. Si en estas circunstancias dejamos todo para luchar por ellos, ¿porque negarle ese mismo apoyo que necesita desde el inicio de su vida?


La sociedad, en sus representantes gubernamentales, está eligiendo los argumentos que ellos decidan que son admisibles, y desechando lo contrario. Elige proponer el aborto como solución, y no educar a la sociedad hacia la contención sexual, en este, uno de los países con mayor índice de embarazo de adolescentes, corriendo el riesgo de que el placer desordenado distraiga y postergue el autocontrol, el avance y el progreso de la nación.  Elige proponer el aborto, sin ofrecer una plataforma de ayuda a las embarazadas en dificultad para que puedan encaminar su gestación con protección y asistencia médica adecuada. Elige proponer el aborto porque es más fácil salir de la dificultad que enfrentarla, aun sea a expensa de un holocausto sin fin.


Esa falta de compasión y comprensión que nuestra sociedad tiene con los hijos no nacidos es tal, que me hace pensar que el desafío que enfrentamos, más que científico, más que humano, es meramente político y que hace espejo a la situación real del deterioro social de nuestros tiempos,


Durante esta pandemia del Covid-19, ante la elección entre que dos vidas utilizarían los escasos ventiladores, se elegían una y otra vez las vidas más jóvenes sobre las mayores, para darles a esta oportunidad de existir ¿Por qué es aquí diferente? El aborto se contradice a sí mismo.


 Es necesario hablar también de la contradicción que involucra el papel del padre en la vida de ese hijo por nacer. Por un lado, el Estado somete al padre a participar en el mantenimiento de sus hijos ante el divorcio; sin embargo, el padre pierde todos los derechos ante el Estado cuando se trata de participar sobre la vida de su hijo no nacido. Exigimos un padre que acoja, que se integre, que participe y acompañe a sus hijos; sin embargo, ante el dilema de su paternidad ante el no nacido, lo retiramos como material desechable, al igual que a su bebé. En un momento de la historia de sus hijos, le exigimos autoridad, en otro, se la retiramos. De nuevo, el aborto se contradice a sí mismo.


 Invariablemente, cada uno de nosotros tiene una voz interior que nos pone en duda si el aborto, efectivamente, debe legalizarse. Una voz que nos grita que NO ESTÁ BIEN. Es la voz interior que, aquella madre que la acalla, se condena a sí misma con los estragos de tal silenciamiento, manifestado en depresión, estrés post traumático, ansiedad, y en ocasiones infertilidad y muerte. En la actualidad, no hay desacuerdo entre los investigadores en el hecho de que las mujeres experimentan reacciones psicológicas negativas después del aborto. (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6207970/) Me pregunto entonces: ¿quién se beneficia? Porque no es la madre ni es su hijo, su hija.


 Hasta hemos llegado al colmo de tergiversar a Dios para adaptarlo al Dios que nos conviene. Lo hemos hecho “comprensible” hasta el extremo que pretendemos que Él mismo rompa sus propias leyes para conformarlo a nuestro parecer, o sacarlo totalmente del panorama, separándolo de la existencia, cuando es una sola la verdad: Cada uno de nosotros fue creado a imagen y semejanza nada más y nada menos que de ese mismo Dios que pretendemos ignorar (Génesis 1, 26-27).


Es tan real y amorosa la manifestación de Dios en la creación de cada ser humano que Él repite una y otra vez el mismo milagro de amor en cada uno de nosotros. Porque, así como lo primero que Dios hizo en la creación del mundo fue la luz, rompiendo el desorden y el vacío de las tinieblas (Génesis 1, 3), así mismo, lo primero que se produce en la concepción de cada ser humano es un brillante y hermoso destello de luz, al preciso momento en que el óvulo es fecundado por el espermatozoide, rompiendo la oscuridad y la soledad del interior del útero.  Dios es la luz del mundo y lo manifiesta (Juan 8, 12)  


https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6207970/


 El desafío de la lucha a favor de salvar las dos vidas es hacerlo, no desde la generalidad ni de los pareceres, no desde la política de un concepto ni desde la uniformidad de una norma legal sino desde la particularidad científica y moral de la importancia intrínseca de cada vida y de su condición humana desde el primer momento de su existencia, de lo contrario, ignoramos todo principio de democracia y libertad hacia aquellos que, aun no nacidos, ya existen.


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