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miércoles, 26 de agosto de 2020

La “normalidad” dentro de la catástrofe

 Javier Flores

Santo Domingo, RD

Fue en la madrugada del pasado domingo que las torrenciales lluvias de la tormenta tropical Laura causaron estragos e inundaciones en gran parte del país y aún en horas de la mañana de este martes los residentes del sectores que comprenden la rivera del Ozama se encontraban sacando agua de sus respectivos hogares.


A pesar de que las calles completamente inundadas, obligando a las personas a remangarse los pantalones hasta las rodillas, los moradores del lugar mantenían un buen ánimo, dando la sensación de seguir su vida normal.


“No ombe, así no, remánguense los pantalones y entren pa’ ca’ también pa’ que vean bien”, decía entre risas uno de los lugareños al percatarse de la presencia del equipo de reporteros del LISTÍN DIARIO que se quedaron justo a orillas de donde empezaba la inundación.


Los demás se reían, igual invitaban a los reporteros a realizar la misma acción mientras continuaban sacando cubetas llenas de agua de sus viviendas.


“Ustedes no quieren entrar, pero yo sí porque vivo ahí”, decía Marcos Feliz.


Sin mucho preámbulo, Feliz imitó la acción de sus vecinos y caminó hacia su pequeño hogar, fabricado con hojas de zinc, por lo que fue inundado por completo.


“De madrugada tuvimos que salir corriendo, pero qué le podemos hacer?, se pregunta, mientras prosigue: seguimos para ‘lante”. Feliz tiene 10 años residiendo allí.


Al ser cuestionado sobre el buen ánimo y la normalidad de quienes allí residían, Antonio Herrera dijo que esos eventos ya eran “costumbre”.


“Es que todo esto es normal para nosotros, siempre que viene una tormenta o algo así eso es seguro, así que ya nosotros como que nos acostumbramos”, explica.


Pero lo que si no podía faltar, aún en  medio de la inundación, es la acostumbrada conversación con los vecinos. Es por eso que dos señoras olvidaron un rato el mal momento y entablaran una conversación sentadas en dos sillas justo en medio del agua. Mientras que otros lugareños aprovechan para sentarse en el amplio espacio de un colmado oara jugar cartas y compartir hasta que las aguas bajen a su nivel.                              


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