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jueves, 28 de mayo de 2020

¡Madres al combate! son capaces de luchar contra el Covid-19 y proteger a sus hijos a la vez

NADELYN FRANCO CARO
Especial para L2
Santo Domingo, RD
Las madres siempre han si­do un pilar en las familias, por su entrega in­condicional. Ahora que el país se encuentra batallan­do frente al Covid-19, mu­chas han tenido que dejar sus hijos para pelear y ayu­dar a la comunidad.

Estas historias lo de­muestran, son las heroínas más sacrificadas y la que con todo el amor dan lo me­jor de sí como profesiona­les, aunque eso implique dejar su hogar a un lado por un momento.

Santa Isabel Moreno, en­cargada de la Unidad de Emergencias en la Clínica San Cristóbal.
Muchos la conocen como doctora Moreno, otros como Isa. Pero lo que quizá poca gente sabe es que desde que empezó la lucha no ha podi­do estar cerca de su pequeño Carlos de 6 meses de edad.

Se levanta a las 6:00 de la mañana, prepara el de­sayuno para su esposo y lle­va a su bebé con quienes lo cuidan.

Su nuevo uniforme son la mascarilla, guantes y un traje amarillo. Llega a la clí­nica, se cambia la masca­rilla y los guantes antes de empezar a ver pacientes. “Cuando llego a la casa, de­bo quitarme el traje, esteri­lizarlo y ambientarlo, dejar la pijama que usé en la clí­nica y luego debo bañarme. Es demasiado fuerte”, dice la doctora Isabel Moreno, encargada de Emergencias de la Clínica San Cristóbal.



 Desde que comenzó esta situación ha tenido que de­jar su niño definitivamente al cuidado de otra persona. “Al llegar a la casa ya no es como antes. Yo llegaba y abrazaba a mi niño y le daba un beso. Ahora de lejitos lo saludo, tengo que demostrarle que soy su mamá y que estoy ahí. Ya no puedo abrazar a mi ni­ño, ni darle un beso. Simple­mente decirle ‘mi amor, te amo, estoy aquí’”, explican sus ojos llorosos.

Moreno reconoce ser una persona que está bastante expuesta a contagiarse, de­bido a que trabaja con mu­chos pacientes, asintomá­ticos y no. Ha tenido que limitar el contacto con toda su familia cercana.

“Es una decisión muy im­portante. Cuando uno hace una carrera por vocación, por ayudar a los demás, tú vas a dar el todo por el todo. Yo podría decir que lo voy a dejar y cuidar a mi familia, pero hay una sociedad que clama por ti y por lo que tú haces. Hay un pueblo que dice que nos necesita ahora y hay que darlo”, enfatiza.

Gregorina Castillo, encar­gada de Tomas de Muestra y Procesamiento de Analí­ticas en el Centro Médico El Maniel de San José de Ocoa.
Las 6:00 la mañana la ven despertar. Ir a casa de su madre, una señora enfer­ma, para dejar a su hija e irse a la clínica, donde se mantiene durante 24 horas de trabajo entre procesamiento de analíticas y dan­do apoyo a las demás enfer­meras.

“No he podido cuidarla co­mo quiero. Voy interdiario a ayudarla con las tareas, en un tiempo medido. Así no estoy mucho tiempo con ella y mi madre, para no en­fermarlas”, son las palabras de Gregorina Castillo, en­cargada de Tomas de Mues­tra y Analíticas del Centro Médico El Maniel de Ocoa.

Pasa todo el día con pro­tección, usando guantes y mascarillas. Más que cuidar su propia salud, cuida la del bebé que lleva en su vien­tre, casi por nacer.

Explica sentirse sorprendi­da de no haber enfermado con tantas horas de trabajo y de pies. A pesar de todo, “en medio de esta situación, me siento feliz y cada día le doy gracias a Dios por te­nerme en pies para ayudar al que lo necesita y es algo que debemos de sentir to­das las enfermeras; porque a pesar de ser nuestro traba­jo, es nuestro compromiso”, comenta.

Aris Beltré, periodista para Noticias SIN.
Su rutina empieza al me­diodía, cuando tiene que dirigirse al estudio de No­ticias SIN, hasta las 10:00 u 11:00 de la noche. Tiene que hacer un chequeo para explicar que es periodista, sacar su carnet y decir que va a casa.

Sus hijos la llaman va­rias veces para pedirle que se cuide y saber cómo está y cuándo vuelve, eso dice Aris Beltré, periodista y madre que reporta desde la línea cero. El contacto con ellos, explica: “Realmente es dife­rente después de la pande­mia, debemos mantener el distanciamiento social y fí­sico por la salud de todos”.

A pesar de que su convi­vencia familiar no se ha al­terado, la pandemia le ha servido para que, dentro del distanciamiento, pasen más tiempo juntos.

Detalló a LISTÍN DIARIO cuál ha sido la experien­cia que más le ha hecho re­flexionar: “Cuando me tocó entrevistar una familia que perdió un pariente positivo, la persona falleció un sába­do y ellos se enteraron el lu­nes cuando fueron a verlo al centro de salud, fue una si­tuación dolorosa y penosa, me tocó de manera profun­da, tanto en el plano perso­nal como profesional”. Lo cuenta y aconseja escuchar a las autoridades.

Elisabeth Santana Rodrí­guez, 2da Teniente del 1er Batallón de Infantería Juan Pablo Duarte del Ejército de la República Dominicana.
Está prestando servi­cio en labores de seguridad ciudadana. Se levanta a las 7:00 de la mañana a prepa­rar desayuno a su esposo y su bebé. No tiene familiares en la capital y en ocasiones debe llevar su niña a Santia­go, con su madre, cuando está de servicio.

Trabaja tres días corri­dos, con otro par de descan­so. Desde que sabe el lugar asignado para la guardia, ya sabe que se levantará a las 3 a. m., para salir al ser­vicio de las 5 a. m., explica Elisabeth Santana, 2da Te­niente del Ejército.

En sus días libres recoge a su pequeña de 6 años, Je­lena, y trata de ponerse al día con ella. “Hacemos las tareas y compartimos tiem­po en familia”.

“Para mí es preocupante por mi hija, ya que es espe­cial; ella tuvo que ser ope­rada de corazón abierto es­tando bien pequeña por lo que tenemos que estar pen­diente a su salud. Yo trato siempre de tener distancia­miento con ella para pro­tegerla, y ella no entiende por qué lo hago, me dice si es que no la quiero y eso me parte el corazón”, describe con el semblante triste.

A pesar de todo, los elo­gios y apoyo que recibe de los ciudadanos sorprendi­dos de ver una mujer ha­ciendo su trabajo, ella afir­ma que se siente útil porque está aportando un granito a la sociedad.

Los días en la calle y antes del regreso a casa son difíci­les. En la calle de relacionar­se con personas y se expone en distintos ambientes y de­be pensar en la salud de ella su familia. Cuando regresa desinfecta el uniforme y rea­liza el protocolo de llegada a casa y todo se lava. “Pero realmente no tengo miedo en sí, porque sí estoy prote­gida, me cuido y ando con Dios, nada pasará. Yo tengo confianza de que con la pre­vención y cuidándome todo irá bien”.

Es una mujer fuerte, es­tos días no han sido sufi­ciente para que baje la guar­dia y sus defensas. Elisabeth dice que se siente bien de salud, con fuerza, ánimo y energía, cada día. “Las co­sas no han variado en el tema laboral, antes de la pandemia yo trabajaba en seguridad ciudadana, pa­trullando en las calles en apoyo con la Policía Nacio­nal, ahora la diferencia es que debemos tener más cui­dado, usamos mascarillas y guantes y estamos dando cumplimiento a las disposi­ciones del gobierno domi­nicano en temas de distan­ciamiento social y toque de queda”, específica.

Wanda Méndez: “El equili­bro ha sido mi soporte”
“Desde antes de que anun­ciaran el confinamiento, ya en LISTÍN DIARIO, se ha­bía diseñado un modelo de trabajo que es el que toda­vía estamos cumpliendo. Se dividió el personal de la Re­dacción en dos grupos. Una semana prsencial y otra de manera remota. No puedo negar que esta forma de tra­bajo me permitió equilibrar mi papel de madre y esposa con el de periodista”.

Así lo cuenta Wanda Mén­dez, periodista de este me­dio, para luego decir en qué sentido equilibró sus roles. “El hecho de tener una se­mana trabajando en casa me acercado más a mi fami­lia, pero debo decir que la se­mana que me toca en ‘campo de batalla’ supone una gran preocipación, dado que hay que estar emn contacto con el mundo exterior en un país con tantos casos de conta­gio”. Eso le preocupa.

Sin embargo, sabe que el Periodismo es un sacerdocio y que debe cumplir con el de­ber de buscar la noticia e in­formar no importa cuál sea el escenario. Para evitar llevar el peligro a su casa lo que ha­ce es tomar en cuenta todas las medidas sanitarias im­puestas por las autoridades. Igual lo hace cada vez que le toca estar de cerca con el vi­rus que ha puesto a la huma­nidad a replantearse un nue­vo modelo de vida.




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