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jueves, 14 de mayo de 2020

Losos, con raíces en casi cada continente, es una representante del país

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Brasil
Olvide el concepto que tie­ne de familia o de perte­nencia a un país. La jinete Yvonne Losos de Muñiz es todo lo contrario a lo esti­pulado como normal. Nació en Nigeria y vivió en Kenia. Después de ello, se mudó a Canadá y, más tarde, a la República Do­minicana.

Sus padres -ambos con nacionalidad canadiense- también crecieron en dife­rentes lugares. Su padre es de origen polaco y creció en la India. Su madre na­ció en Alemania pero creció en Irán. “No somos la típica familia en ningún sentido”, sentencia Yvonne Losos de Muñiz.

Además de esto, y como atleta profesional, Losos de Muñiz ha entrenado en otros muchos lugares, como Alemania, España o Florida. “Desde que comencé a com­petir, estoy donde están las competiciones. Estoy via­jando continuamente pa­ra competir y entrenar por­ que, desafortunadamente, en la República Dominicana no hay nada para mí. Estoy mucho en la carretera”.

“No pertenezco a ningún lugar”, dice bromean­do. “No había otra opción”, dice Losos de Muñiz, que amar a los animales. La fa­milia empezó su vida en África debido al trabajo de su padre. “Mi padre estaba escribiendo un libro. Esta­ba investigando el impacto de enfermedades tropicales en animales domésticos. Él fue, durante mucho tiem­po, uno de los expertos líde­res en la materia. Fue genial para los niños crecer así. ¡Fue fantástico!”.



“Mi educación en Kenia fue una auténtica fantasía. Incluso cuando era una ni­ña y fui a Canadá, les con­taba a los niños cómo crecí en Kenia, montando entre las cebras y los animales del Serengeti, y ellos no me creían. Pero así fue mi vida. Era, ya sabes, galopar por los caminos hasta las llanu­ras de África. Así que con­tar esas cosas cuando era joven, en mi adolescencia, era algo que la gente no se creía. Me decían ‘no puede ser’. Pero así era”, recuerda.

“Tenía, por ejemplo, que montar entre los perros, porque había muchísimos en el área. Pero en algunos momentos teníamos que volver a casa porque los de­predadores estaban cazan­do a los perros. Mis padres no quería que fuéramos parte de la caza. Tuve una educación fantástica, y esta fue la manera de aprender a montar. La regla era no caerme porque cualquier cosa te podía perseguir. ¡Era maravilloso!”, exclama la amazona.

 Representación impresionante
Increíble.
“Representar a la Repú­blica Dominicana es sim­plemente impresionante, increíble. Probablemen­te soy la atleta con más suerte en el mundo”.  




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