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viernes, 8 de marzo de 2019

Lusitania Martínez: "La condición de ser mujer y pobre me marcó"

Sylvana Marte
Santo Domingo
Conversar con Lusitania Martínez es entrar con permiso al mundo de los libros, la filosofía y la historia del desarrollo de las mujeres. Sentada en su terraza y acompañada de sus gatos, habla de su niñez, su vida como madre y sobre todo como filósofa.

Lusitania nació en San Cristóbal, de una familia pobre. Para ella, la condición de ser mujer y pobre la marcó de una manera tan profunda que tiene pendiente escribir un libro para poder reflexionar sobre la relación de ser mujer y la pobreza.

“La pobreza me marcó en términos positivos como en negativo, negativos como le sucede a cualquier persona pobre, porque soy de las que creo que ser pobre implica una situación de discriminación tan grande y quizás peor que la de ser mujer, y eso que soy feminista. Pero fue positivo porque, pensando de forma objetiva, me impulsó a estudiar”, afirma la filósofa e investigadora.

“Yo adoro estudiar, pienso que estudiar me da la diferencia, incluso no ostento la inteligencia, ni me siento orgullosa de ello, pero de lo que sí me siento orgullosísima, y lo digo a voz en cuello, es de que soy súper estudiosa desde que nací”, cuenta mientras se acomoda en su mecedora.

Frente a unos grandes estantes llenos de libros organizados, cuenta de su relación con ellos. “Me encantan los libros, me encantaba ir a la escuela, yo lloraba cuando no podía ir. Siempre me sentaba delante en el aula, sentía que descubría el misterio de la vida en la parte delantera del aula y eso me daba la diferencia”.


Aunque desde pequeña sintió, justamente por la condición de pobre, la discriminación de no merecer el reconocimiento por el estudio, “ahí empecé a darme cuenta en la escuela que se premian a los que tienen dinero”, nos cuenta una de las protagonistas más destacadas del pensamiento filosófico contemporáneo del país.

“Puedo decir que la pobreza empuja mucho, hace que una progrese, pero también te hace perder de muchos méritos”.

Cuenta que su madre murió hace un año y que era una mujer inteligente, una gran lectora. Si la inteligencia se hereda de la madre, dice, entonces ella la heredó de la suya.

Decide estudiar Filosofía porque una gran amiga de una familia a la que ella visitaba y su madre observaron que era una persona dada a la reflexión, estudiosa, preguntona y sin pedirle permiso la inscribió en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en la carrera de Filosofía. Además, tenía que estudiar una carrera que le permitiera trabajar, para poder mantener a sus padres, algo que también la marcó.

Desde jovencita leía Filosofía, especialmente a la francesa Simone de Beauvoir, quien fue una escritora, filósofa feminista, luchadora por la igualdad de derechos de la mujer, y de Jean-Paul Sartre, exponente del existencialismo.

Martínez fue de las primeras mujeres que comenzó a hablar de estos temas en las aulas de San Cristóbal, donde era profesora auxiliar. Y cuenta que fue acusada y acosada en su pueblo natal por estar hablando de “cuestiones perversas” en esa época, hablar de eso era algo “atacable” y una de las razones por las que salió de San Cristóbal.

Ya en la universidad, como docente, pudo notar cómo el machismo se ha instalado en la academia y fue algo que ella tuvo que enfrentar: “Yo recuerdo que cuando entré como profesora, en mi doble condición de ser mujer y ser filósofa, en mi alrededor, en reuniones, nunca me miraban cundo hablaba de filosofía, los hombres no miran a las mujeres cuando hablan de filosofía”, destaca.

Además de que entró a la universidad y era muy joven, incluso los alumnos no la reconocían como maestra. Ser filósofa, joven y mujer fue difícil, especialmente en un mundo donde el conocimiento y el saber se consideran exclusivos de los hombres.

Reflexiona y explica que las mujeres, en especial las filósofas, tienen que empoderarse y autoconvencerse de que hay que trabajar para aportar, de tal manera que el mérito te lo da la satisfacción personal. “Yo no busco apoyo, trabajo para aportar a la sociedad”.

Madre fuera de lo común
Hay una idea prejuiciada de que las mujeres tienen tiempo para todo. No es así: ser mujer, esposa y trabajar roba mucho tiempo para pensar. Es por eso que grandes pensadoras pasadas de alguna manera sacrificaron la posibilidad de una vida matrimonial. Muchas no precisaron ni quisieron casarse, porque pensar la filosofía requiere una entrega incondicional y el matrimonio y el tener hijos es un obstáculo. “En mi caso, tuve que dedicarme a estudiar teniendo un matrimonio y teniendo hijos”.

Se considera una “madre imperfecta”, además, se dio cuenta de que vivir en pareja es un obstáculo para la mujer, pero no para el hombre, porque él puede trabajar y no asumir responsabilidades en el hogar. 

Su accionar
ï Doctora en Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid

ï Maestría en Sociología Rural en México

ï Directora de la Escuela de Filosofía en la UASD

ï Coordinadora de la Unidad de Post Grado de la Facultad de Humanidades de la UASD

ï Coordinadora de la Unidad de Investigación de la Oficina de Planificación Sectorial

ï Una de las primeras que creó la Asociación de Estudiantes de Filosofía

ï Creadora y directora de la Maestría en Metodología de la Investigación Científica y Epistemología.

ï Algunas publicaciones: Palma Sola, Opresión y Esperanza: su geografía mística y social, Actitudes femeninas ante los oficios no tradicionales, Filosofía Dominicana: pasado y presente. Tomo II.

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