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viernes, 25 de enero de 2019

Forjar una fórmula de poder exige algo más que desearla

Felipe Ciprián
Santo Domingo
La perspectiva de cara a las elecciones presidenciales de 2020 se caracteriza por una disyuntiva que debía resultar clara: Danilo Medina buscará la reelección por un elemental sentido de su comprensión de que el poder no se regala a nadie y porque, además, ahora le es más necesario que nunca.

Frente a Danilo hay un minué de oposición tan disperso que no representa una amenaza para sus aspiraciones, porque todos carecen de liderazgo, sagacidad política y determinación.

Es como si se dijera -con dolor del alma- que quien no ha peleado a muerte por la victoria, no podría golosearla.

Entendido esto, se puede sintetizar diciendo que Danilo quiere y necesita intentar continuar en el poder más allá de 2020, mientras su único contrario al interior del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), Leonel Fernández, perdió el tiempo cortejándole, mostrándole encuestas y dándole consejos acerca de cómo quedar bien frente a la nodriza Constitución.

La oposición a la nueva postulación de Danilo, fuera del PLD, es tan torpe, tonta y errática, que con las elecciones encima, anda dando bandazos sin rumbo y sin presentar un propósito de batalla electoral capaz de encantar y despertar un nuevo fervor democrático y participativo que se constituya en una fórmula de poder y que sus dirigentes salgan a pelear por materializarlo en el corazón del pueblo.

Hasta hoy, las “acciones” antireeleccionistas no hacen ni cosquillas al danilismo, que actualmente está demostrando lo que dije hace meses: se entendió con el liderazgo de Estados Unidos, especialmente en el tema de Venezuela, y aquellos no se opondrán a su proyecto reeleccionista si consideran que materializado evita una crisis de gobernabilidad en toda la isla.

La derrota de Leonel

¿Alguien conoce alguna crítica, una discrepancia, un cuestionamiento o alguna sugerencia de Leonel para que el gobierno de Medina responda a los reclamos de la gente?

Nada ha dicho acerca de la inseguridad ciudadana, del galopante endeudamiento público, del desorden del tránsito y del desafío a la ley y a la autoridad de conductores que siembran el terror en las calles y el gobierno se torna impotente.

Tampoco ha hecho un solo planteamiento innovador para detener los feminicidios, para enfrentar la narcodelincuencia y el lavado de activos, para que el gobierno mejore la condición salarial de miles de empleados públicos...

¿Cuáles son las diferencias programáticas entre Danilo y Leonel? ¿Cuáles son las diferencias políticas entre ambos? Todo parece indicar que solo los separa el propósito común de ser Presidente en agosto 2020.

Si no hay diferencias programáticas manifiestas y Leonel vive ponderando los logros del gobierno, no maneja el  Presupuesto ni los demás resortes del poder, ¿quién es que sueña que él puede derrotar a Danilo en unas primarias para escoger al candidato presidencial?

¡Ay tío!, no confunda “la velocidad del viento con los mangos banilejos”, como decía Chino Generosa, a mediados de los años setenta, cuando hacíamos trabajos comunitarios en la construcción de un canal de regadío que lideraba el padre Luis Quinn, en Rincón del Pino, Ocoa.

En esas condiciones, la táctica de  “no critico, te cortejo, te muestro encuestas y te aconsejo”, seguida por Leonel frente a Danilo, reduce al primero a un simple competidor por la reelección (Leonel para un cuarto período y Danilo para un tercero), ambos con reformas constitucionales como traje a la medida.

¿Acaso no fue un traje a la medida del pecho de Leonel la reforma que pactó con Miguel Vargas (PRD) para modificar la Constitución en 2010 para habilitar su retorno al poder después que había sido presidente por dos períodos y agotaba el tercero sin oportunidad de volver?

También fue un traje a la medida la reforma de junio de 2015 que modificó la Constitución para cambiar la reelección diferida que entronizó Leonel -que en ese momento lo favorecía-  por la continua que habilitaba a Danilo para seguir  al mando en 2016.

El proyecto reeleccionista de Danilo es difícil de enfrentar con una aspiración presidencial de Leonel porque este último no ha confrontado las políticas públicas del gobierno de Medina, y algunos suponemos que todo se reduce a una megalomanía de poder y a un deseo de un ajuste de cuentas en la agenda de los “sicarios del honor ajeno”, con cárcel incluida, a todos los niveles.

Así es difícil que la táctica leonelista de “no critico, te cortejo, te muestro encuestas y te aconsejo”, surta algún efecto disuasivo, y mucho menos, una posibilidad de derrota del danilismo gobernante, que cada día parece más decidido a mantener el proyecto de reelección.

Si al interior del PLD Danilo no pudiera pasar por un “aborto de la naturaleza”, sus fuerzas no empatarían con los adversarios y mucho menos caerían derrotadas, porque por una vieja enseñanza leninista, “no basta con que los de arriba no puedan continuar, hace falta que se les haga caer”.

¿Qué hará la oposición?
Si se observa con atención qué hace el gran y disperso sector de oposición al gobierno de Medina, quedan pocas dudas de que no hay un proyecto coherente, bien dirigido, militante y dispuesto “a todo” para enfrentar a la reelección en las urnas.

Aspiraciones presidenciales partidarias, múltiples por cada parcela, sí que hay en demasía. Lo que falta es un liderazgo lúcido, tenaz, dispuesto a arriesgarlo todo por luchar para que República Dominicana sea un territorio donde su gente ejerza ciudadanía, sus gobernantes manden obedeciendo y el pueblo reclame, trabaje y participe en la construcción de una democracia efectiva.

¿Y quién tiene fuerza popular y determinación política para dominar al danilismo reeleccionista dentro y fuera del PLD? ¡Al día de hoy... nadie!

¿Se puede construir esa fuerza política desafiante antes de las elecciones? ¡Sí, se puede! Solo puede hacerse con una gran voluntad y una gran unidad programática, un compromiso ético y un desprendimiento inusual para escoger a un primer candidato presidencial. ¿Se puede? No tengo la respuesta porque no quiero que mi pesimismo se vuelva epidémico.

A este país le conviene que el próximo presidente sea un joven -varón o hembra- de menos de 40 años, con formación, cultura democrática, sin la apetencia de hacerse rico desde el poder, sin amigos corruptores, con sed de justicia y patriotismo auténtico, sin la selectividad de rendirse a los poderes económicos y perseguir a los débiles. ¡Eso es lo que quiero, nada más!

Para lograr eso hace falta mucha sensibilidad política, arrojo, dedicación al pueblo y desprendimiento, porque esgrimiendo intereses sórdidos, presidenciables, pero sin fogueo popular y firme voluntad de desafiar al poder, esos personajes se reducen a una quimera.

Si aun sigo escribiendo lo que me parece el probable devenir inmediato de mi patria, lo hago porque carente de fuerza en otros planos, quien lea estos párrafos tal vez se sienta advertido y no arriesgue sin sentido, sus fuerzas y sus sueños, porque lo peor que le puede pasar a un hombre, a una generación, es que permita que quienes quieren arrebatar sus sueños, no sufran la pesadilla de la lucha de los pueblos por justicia, libertad y dignidad.

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