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domingo, 2 de diciembre de 2018

En el corazón de París los turistas quedaron estupefactos en un caos de humo y sirenas

Marie Wolfrom
AFP
París
Viajaron a probar los apacibles encantos de la capital francesa, que por estos días brilla de luces navideñas, pero el sábado los turistas en París terminaron inmersos en escenas de guerrillas urbanas, rodeados por autos en llamas y nubes de gases lacrimógenos en el barrio de la Ópera.

En la plaza, una espesa columna de humo negro penetraba en la garganta y oscureció los ornamentos dorados del Palais Garnier de la Ópera de París. Uno de esos adornos históricos, frente al exclusivo Café de la Paix, fue incendiado por los manifestantes que se tomaron las calles de París. Algunos protestaron contra la política fiscal y social del gobierno, otros llegaron para enfrentarse con la policía.

Todas las entradas de este café, una institución parisina, fueron cerradas cuando algunos clientes acudían en apuros a buscar refugio, escondiéndose de las barricadas detrás de la carpintería en caoba. "Está cerrado", lanzaba un mesero a una gran número de turistas que esperaban para protegerse allí.

"No sabemos si estamos seguros o no. Es angustiante", dijo no muy lejos del café y de la Ópera Giselle Rosano, una brasileña de 36 años que vive en Berlín. Un policía con casco acababa de ordenarle que se marche, un grupo de "agitadores" se dirigía hacia el área.

"Pensamos que solo los Campos Elíseos estaban concernidos" en la protesta, dijo la joven, sobre la famosa avenida donde comenzaron los enfrentamientos a primera hora de la mañana y la tarde del sábado vivió escenas de batalla urbana.

Al abrigo de la llovizna otoñal, bajo el toldo de un restaurante, un par de turistas alemanes miraban con asombro a un París transformado. Pasaban los bomberos sonando las sirenas, un helicóptero sobrevolaba muy cerca y las granadas de gases lacrimógeno estallaban a lo lejos.



"El metro está cerrado en Ópera y Concorde, no vemos un autobús, no sabemos cómo llegar a nuestro hotel en el Barrio Latino", dice Brgit Moeller-Wolf, una funcionaria jubilada de 61 años. "Huele mal, tuvimos que interrumpir nuestro paseo, para los turistas es desagradable".

Llegó el jueves para visitar París con su esposo Joachim Wolf, de 64 años, y una pareja de amigos. Todos parten el domingo.

"Habíamos visto en la televisión las manifestaciones del fin de semana pasado pero pensamos que se había terminado", dijo sorprendida.

- "Da miedo" -

"París de pie, levántate", gritaron unos cuantos manifestantes con chalecos amarillos a pocos metros de distancia. Algunos bloqueaban voluntariamente el acceso de los bomberos para extinguir el fuego, otros insistieron para dejarlos pasar.

Un poco más lejos, frente a los grandes almacenes en el bulevar Haussmann, se vieron escenas surrealistas. Las furgonetas de la policía se alinearon frente a las ventanas y puertas de las Galeries Lafayette, cerradas para compradores, pero decoradas con guirnaldas de luces que fascinaban a los niños que habían venido de compras con sus padres. Los agentes de policía se desplegaron y bloquearon ese bulevar, de los más concurridos en la ciudad.

Muchas personas partían defraudadas al ver que las grandes tiendas estaban cerradas, justo este fin de semana que suele estar repleto por las primeras compras de Navidad.

Entre los turistas de esta zona, una estadounidense que se negó a dar su nombre confesaba que todo el caos de los alrededores "da miedo".

"Esto afecta la imagen de todo el país", dijo Carlos Lino, un ingeniero neoyorquino de 60 años de edad de origen ecuatoriano que vino a comprar con su esposa y su hijo y se encontraron con las persianas bajas de todas las tiendas del barrio comercial.

En una parada de autobús, una joven turista cargada con una maleta pesada estaba esperando desesperadamente el autobús hacia el aeropuerto de Roissy-Charles-de-Gaulle. No hay tren, ni metro, ni autobús, uno que otro taxi, y su avión despega en menos de cuatro horas. "No sé qué hacer, es estresante", lamentó.

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