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jueves, 15 de marzo de 2018

Los premios Oscar, el gusto y la baja audiencia

Luis Beiro
luis.beiro@listindiario.com
La pasada semana, la reportera española Rocío Ayuso, desde las páginas del periódico “El País”, publicó un artículo revelador.

La reputada comunicadora refirió que la ceremonia de los Oscar 2018 tuvo la menor tele audiencia de su historia. Y este dato partió de un estudio vinculado a un trasfondo comercial.

Por ejemplo, Ayuso señala que de las nueve obras seleccionadas en la cateogría de Mejor Película, solo de ellas recaudaron en taquilla más de 100 millones de dólares: “Dunkerke” y “Get Out”. Y la recaudación del film de Guillermo del Toro, “The Shaped of Water”, apenas alcanzó los 45 millones.

Una lectura débil de la citada investigación puede alegrar a los que juzgan la eficacia del cine a partir del éxito de taquilla.

Sin embargo, el trasfondo de estos datos reafirman la naturaleza subjetiva del gusto del mercado, es decir, del cinéfilo que, en última instancia, es quien determina el éxito de la taquilla.



El gusto es un sentimiento subjetivo, pero subjetivo tiene la facultad de incidir e imponer en el mercado. La certeza de que ciertas obras de arte son objetivamente superiores, aunque no lo sean prevalece dentro de un mundo donde solo se escuchan las voces del resultado mercadológico.

Actualmente la gran variedad de gustos y opiniones que prevalece en el mundo de la cinefilia es muy superior al de otros tiempos cuando con solo mencionar los nombres de directores como Woody Allen, Billy Wilder, Igmar Bergman, Luis Buñuel, John Houston (y muchos otros), ya era suficiente como para llenar las salas de cine. Pero hoy la realidad es otra. Y aunque hay mucha calidad acumulada y mucha herencia cultural enriquecida, el público que va al cine hoy “prefiere las ortigas”.

El cine no es más que un retrato inesperado de nuestro subconsciente. Y en él, el hombre busca una norma del gusto para reconciliar sus sentimientos divergentes, aunque sepa que es imposible obtenerla. El público solo quiere el cine para votar el golpe, no para crecer humanamente .

La belleza no es una cualidad propia de las obras cinematográficas que intentan trascender con categoría cultural, sino que su categoría se define en la mente de quien las contempla, de suerte que cada mente percibe una belleza diferente.

La búsqueda de la belleza real, en estos tiempos donde imperan nuevos “valores” es transfigurada.

Frente al subjetivismo exacerbado, todavía sobrevive cierta objetividad. La aprobación o censura que provoca el gusto estético pueden obtenerse de la experiencia, de la observación general de lo que universalmente nos complace.

Hoy existen parámetros culturales o extra culturales que rigen el gusto. Y por tanto, la taquilla. Es algo que intuyen los negociantes del cine, pero no son capaces de explicarlo.

Tal vez esta reflexión apoye el descarnado resultado de la ceremonia de los premios Oscar 2018, muy valientemente reseñado por la española Rocío Ayuso.

¿La solución? Lo dijo una vez Plejanov, aunque personalmente no comparto ese apotegma: “La ética es la estética del porvenir¨.




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