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martes, 20 de marzo de 2018

El PLD: Danilo, Leonel y los demás...

Freddy Aguasvivas
freddy.aguasvivas@hotmail.com
Es indudable que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) es la principal fuerza política del país en este siglo. Al finalizar el presente período habrá gobernado durante 20 años de 24 transcurridos desde el año 1996, cuando llegó por primera vez al poder. Su dirección política ha tenido la sagacidad y madurez como para afrontar toda clase de peligros, incluso de división, sin permitir que las oscuridades momentáneas les desenfoquen y les desvíen de su fin estratégico, por distraerse en escaramuzas tácticas. Lo tienen claro.

 Pero no puede pasar desapercibido que esta coyuntura es la de mayor riesgo en toda su historia de vida institucional, por algunas circunstancias que paso a enumerar:

Leonel Fernández cree -y en ese orden de pensamiento le sigue una mayoría considerable de danilistas y no tan  danilistas- que el presidente Danilo Medina utilizará  la figura del referéndum - o cualquier otra salida - para intentar su segunda reelección. Para el expresidente de la República es un tema muy delicado porque él mismo dio argumentos sustanciosos sobre esa lectura de la Constitución, cuando afirmó que él (Fernández) podía reelegirse, aunque la Constitución del 2010 explícitamente se lo prohibiera. En su  discurso televisivo para retirarse de la contienda del año 2012, usó consultas de prestigiosas oficinas de abogados para sostener esa tesis, aunque al final prefirió guardar sus dos millones de firmas y esperar un mejor momento, que todavía no llega.


En ese aspecto es importante anotar que es más expedito declarar inconstitucional el artículo transitorio que impide la reelección de Danilo, que la modificación nueva vez de la Constitución, para utilizar el referéndum, que incluye hasta una ley adjetiva que normalice el tema. Para mover el congreso se necesitan más de doscientos legisladores y para anular el artículo transitorio sólo hay que lograr el apoyo de nueve jueces del Tribunal Constitucional, tres de los cuales ya han ido a Palacio a proponer el tema.

Con las sospechas del expresidente Fernández concuerda ya el 80% de los dirigentes leonelistas, una mayoría de los peledeistas y la casi totalidad que los precandidatos. Nosotros diferimos sustancialmente de esos criterios. Danilo va en búsqueda de un gran pedestal en la historia como el mejor presidente dominicano de todos los tiempos y su mayor carta de aval para entrar en ese sitial exclusivo es su desprendimiento, humildad y rechazo al continuismo desmedido. Danilo, como buen escogidista, hará como David Ortiz:  retirarse en la plenitud de su carrera y cuando la gente le pida a gritos que continúe. Los que conocemos a Danilo Medina, sobre todo, aquellos que promovimos e impusimos la reelección presidencial pasada, sabemos cuán difícil fue convencer al presidente Medina de la necesidad de continuar cuatro años más. Danilo está absolutamente decidido a irse por la puerta grande y no regresar. El presidente, que tendría casi 70 años en el año 2020, con cuatro décadas de servicio continuo a la Nación Dominicana, de manera intensa, permanente y sin tregua, asumiría la dirección efectiva del Partido de la Liberación Dominicana y el liderazgo moral de la Nación.  En una coyuntura como esta se produce una gran contradicción que actúa a favor de Leonel, aunque no sea el propósito de la táctica que aplica el presidente. Aunque Danilo parte de una premisa cierta: si el presidente deja claro desde ahora que no va a aspirar, un pandemónium político serviría de resorte para destapar la caja de Pandora de las aspiraciones a destiempo. Más de una decena de precandidatos se lanzarían en carrera alocada hacia un buen posicionamiento, incluyendo a varios ministros, lo que repercutiría en un deterioro de la gestión gubernativa y de la gobernanza.

A esto le huye el primer mandatario, por lo que intentará contener, al menos por dos años, las puertas de la gatera política, sólidamente cerradas,  con la espada de Damocles de sus posibilidades de volver, blandiéndola sobre la cabeza de los precandidatos.

Pero esta indecisión o falta de señal del presidente actúa como muro de contención de las aspiraciones presidenciales a lo interno de su grupo, mientras que Leonel Fernández, que no tiene porqué respetar estos preceptos, avanza solo, ocupando los 10 carriles de la pista morada.

El peligro de este cómodo andar del expresidente es que avance tanto en la carrera, que luego sea imposible aplicar la máxima de que no van lejos los de adelante, si los de atrás corren bien. El leonelismo podría verse no sólo reivindicado, sino hasta reclamado y proclamado por las fuerzas peledeistas, que no ven a nadie de la acera de enfrente tan bien posicionado, como para hacerle sombra al presidente del PLD.

En un escenario como éste la situación de los demás aspirantes presidenciales es muy incómoda, por no decir difícil. Casi todos los aspirantes son empleados del presidente de la República y sería osado salir con un proyecto y que luego Danilo Medina quiera reelegirse. Los caballos desbocados de la pasada contienda interna comprendieron muy tarde las señas del presidente y ahora se dan fuertes golpes en el pecho,  haciendo un mea culpa. No quieren pasar por el mismo trance con el mismo líder.

Más que eso, para cualquier precandidato tener la más mínima posibilidad de avanzar, debe contar, al menos, con la imparcialidad del líder Medina. A nadie se le ocurriría avanzar un proyecto con él en contra. Buscar el apoyo tácito o implícito de Danilo es cuestión sine qua nom. Si esto no fuera posible, deberían lograr entre todos, que él ejerza de árbitro, sin inclinar la balanza a favor de nadie. Que todos se rasquen con sus propias uñas. La posibilidad de que Danilo conmine a Leonel para que ambos salgan de la contienda y permitan el relevo, podría poner muy interesante la carrera por la nominación del Partido de la Liberación Dominicana.

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