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miércoles, 21 de marzo de 2018

Cuando las abuelas tienen que cargar con la crianza

Santiago Benjamín de la Cruz
santiago.delacruz@listindiario.com
Santo Domingo
Cuando una adolescente queda embarazada y posteriormente da a luz, en muchas ocasiones la vida no solamente le cambia a ella, también a las personas que la rodean.

La falta de experiencia, recursos y en ocasiones, interés, provoca que cuando una adolescente pasa por esa experiencia y conserva a la criatura, las responsabilidades se inviertan y el compromiso de criar recaiga sobre las abuelas, principalmente maternas.

Ante esa realidad que está cada día más presente en el país, muchas abuelas se muestran dispuestas a asumir el reto de volver a criar, porque entienden que si no asumen ese compromiso que no les corresponde, sus nietos se criarán en la calle, llenos de precariedades.

Tres niños criados por una abuela
María tiene 22 años y ya tiene tres niños de seis, cinco y cuatro meses. Cada uno de un hombre diferente.

Vive su vida como si no tuviera ningún tipo de responsabilidad. Fiestas nocturnas y salidas por varios días. Toda la responsabilidad de sus hijos recae sobre su madre, una señora de 65 años que la tuvo a ella cuando tenía 17 años.

Juana, madre de María, trabaja en una banca, y de lo poco que gana compra comida, ropa y pañales desechables para sus nietos.

Su hija, quien no asume la responsabilidad que exige ser madre, no trabaja, y tampoco terminó la escuela.  Sus días inician y concluyen en la calle.  En muchas ocasiones nadie sabe de su paradero.

Las exigencias que Juana le hace a su hija María no son tomadas en cuenta, pues todo continúa igual, y a veces, empeora.

Cuando María salió embarazada de su primer hijo tenía 16 años. Estaba en segundo de bachillerato e inmediatamente lo interrumpió, según su madre, por decisión propia.

Aunque fue a temprana edad, el embarazo fue aceptado por su madre, quien es soltera. Juana trató de orientarla durante el embarazo y le decía que tenía que esperar varios años para tener otro niño, sin embargo, lo más sorprendente fue que, cuando María aún estaba en riesgo, salió embarazada, y de otro hombre.


A la fecha ya María tiene tres niños y su responsabilidad como madre no ha sido asumida a pesar de los múltiples consejos, mientras que Juana, su madre, es la que se ha visto obligada a hacerse cargo de los tres menores, tratando de criarlos y hacerlos hombres de bien.

“Es una realidad difícil, porque por mi situación económica fue difícil criarla a ella sola, entonces imagínate ahora, estoy criando tres niños que consumen mucho. Y debo hacerlo, porque si los dejo se van a criar en la calle”, agrega.

Los consejos no le valieron
Rosa, una señora de 62 años que vive en Villa Mella, Santo Domingo Norte, expresa que desde que una de sus tres hijas estaba pequeña, se dio cuenta “que no iba a ser fácil”, por algunas de las actitudes que tenía cuando era solo una niña.

“Desde pequeña, como a los nueve años, ella llegaba a la casa desde la escuela diciendo que dizque tenía un noviecito. Yo le decía que no podía tenerlo, porque estaba muy pequeña, pero como sus amiguitas tenían novios, la incitaban para que ella también tuviera uno”, dice.

Cuando ella hacía algo fuera de lugar, yo siempre la corregía, porque de mis tres hijas ella era la que estaba más “salida del molde”.

“Cuando Carla era niña llevó muchos golpes de su papá y de mí, pero más de él, porque comenzaba con esas actitudes de adulta, y mi esposo le daba su pela”, dice.

A la edad de 13 años Carla llevó un novio a la casa, y aunque sus padres se molestaron, decidieron aceptarlo, porque era un menor igual que ella, y no se preocuparon tanto.

Carla comenzó a salir con el adolescente y llegaba de noche, lo que provocaba las constantes advertencias de sus padres, quienes trataban de limitarla con el horario y prohibirle las salidas nocturnas.

Salió embarazada a los 15
La adolescente continuó con su novio y a los 15 años salió embarazada. Sus hermanas mayores, su madre y menos su padre podían creerlo.

Carla tuvo el valor de reunirlos a todos y contarles que esperaba un bebé. Su padre se alteró y quiso golpearla, pero fue agarrado por su madre y hermanas.

“Llorando, mi esposo le dijo que se fuera de la casa, que no la quería volver a ver. Que el niño no tenía la culpa, pero que las advertencias fueron muchas y ella como quiera lo desobedeció”, cuenta la abuela.

La adolescente se tuvo que ir a casa de su novio, pero no se sentía cómoda. Su padre nunca la visitó durante el embarazo, mientras que sus hermanas y madre siempre se mantuvieron atentas.

Carla, que en ese momento cursaba el primero de bachillerato, tuvo que dejar la escuela por su estado y su novio también. Él tuvo que conseguir un trabajo y ella se mantenía en la vivienda.  

Faltando un mes para cumplir sus 16 años, Carla dio a luz. Cuando su padre vio a su primer nieto no pudo aguantar las lágrimas. Le pidió perdón a la menor de sus hijas y le dijo que las puertas de su casa estaban abiertas.

Tras varios días hospitalizada, Carla regresó a la casa de sus padres, y meses después se reintegró a la escuela en horario nocturno.

Por su inexperiencia, todo lo relativo al recién nacido lo ejecuta la abuela, mientras la adolescente hacía algunos quehaceres del hogar.

Los gastos en ropa, visitas al médico y alimentación recaían sobre los abuelos, porque con lo que ayudaba la pareja de la adolescente era muy poco.

“Prácticamente la que ha criado ese niño soy yo. Carla no sabe casi nada de él y por eso quien lo atiende, lo baña y se despierta en la madrugada soy yo”, cuenta la madre de Carla.

Dice que el niño ya tiene un año, y que Carla todavía no ha terminado la escuela. Expresa satisfacción porque aun sigue estudiando, por su bien.

La adolescente, quien en la actualidad tiene 17 años, todavía mantiene la relación con su novio, quien ahora tiene 18 años, pero la responsabilidad de ambos con el niño es mínima.

LA NUEVA ETAPA DE SER ABUELA
Tras asumir la responsabilidad de volver a criar, las abuelas tienen que volver a realizar las mismas labores que cuando estaban jóvenes y tuvieron a sus hijos.

Para Julia, quien está criando a sus tres nietos de seis, cinco y cuatro meses, lo más difícil se ha tornado con los dos mayores que ya están en la escuela, a la hora de ayudarlos a hacer sus tareas. Aunque están en el primer nivel y las tareas no son complicadas, a Julia se le hace difícil poder ayudar a sus nietos y más porque no tiene la facilidad de poder usar la computadora para ayudarse. “Ahora a los niños pequeños les ponen tareas que parecen para niños más adelantados.

Pero la realidad es que debo ayudarlos a hacer las tareas, pero en muchas ocasiones se me complica”, dice. Precisa que otra de sus desventajas para poder ayudar a sus nietos a hacer las tareas es que les ponen a hacer muchos dibujos y “cosas creativas, y no tengo tiempo para eso”. “Otra cosa es que cuando hacen reuniones en la escuela tengo que andar con el niño de cuatro meses porque no tengo con quien dejarlo”, lamenta.

Para Julia “esta es una situación realmente difícil, porque ser una mujer mayor y tratar con niños con tanta energía es muy agotador. Yo espero que Dios no sea tan duro con mi hija porque ella prácticamente ha abandonado a esos tres niños”, agregó.



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