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viernes, 16 de marzo de 2018

Crisis del PLD revela el déficit de liderazgo

Felipe Ciprián
PERIODISTA
felipe.ciprian@listindiario.com
El senador y dirigente peledeísta Reinaldo Pared Pérez habló en la Reunión Conjunta del Congreso y  llamó “peregrino y absurdo” el criterio de que las primarias abiertas son contrarias a la Constitución, y sin que tuviera que nombrarlo, todo el mundo sabía que esos dos adjetivos los lanzaba contra Leonel Fernández, presidente de su partido, para decirle algo así como “usted no sabe de lo que habla”.

Cuando vi y escuché atento las palabras de Reinaldo ante el Presidente, la Vicepresidente, los senadores, los diputados, los jueces de las altas cortes, el cuerpo diplomático... y más aun por todas las emisoras de televisión y radio, por cientos de vínculos en línea y redes sociales, difundido para todo el país y el mundo, pensé: ¡Le dieron la oportunidad a Leonel de contraatacar con fuerza y colocarse a la ofensiva!

Pero otra vez no. Leonel, en lugar de contestar el insulto de Reinaldo, guardó silencio absoluto a pesar de que gente muy cercana a su proyecto sigue defendiendo las primarias con padrón partidario, y más que eso, impulsando las aspiraciones de su líder que chocan frontalmente con la voluntad de Danilo Medina de ir por otro período.



Las descargas de Reinaldo contra Leonel fueron el 27 de febrero de 2018, en pleno invierno caribeño, pero a mediados de marzo, a horas del comienzo de la primavera, Leonel le contesta (precisamente a él) con una cátedra sobre la post-verdad, que se publicó el lunes 12 de marzo en la página 2 de Listín Diario, tratando de afirmar que el senador del PLD-Distrito Nacional  encabeza una cruzada de tergiversación de la verdad para presentarla, propagarla y embaucar a las masas para sus propósitos políticos, que parecen coincidir con la reelección de Danilo.

No entiendo cuál es el “libreto” que sigue Leonel para desarmar la nueva postulación de Danilo en la boleta del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), si lo golpean y no responde, pero más aun, lo insultan inmerecidamente, dándole una oportunidad de confrontarse con honor, y agacha la cabeza como si por sobre ella viniera un tren cargando un millón de cadáveres.

Que le digan que es portador de ideas o propuestas “peregrinas y absurdas” quizás no sea un insulto para él, pues los más viejos recordamos su discurso en Santiago en la campaña para las elecciones de 1996 donde narraba “al león golpeando al monito”, describiendo la confrontación por la Presidencia entre él y José Francisco Peña Gómez.

Naturalmente, después del paquetazo que lanzó su gobierno al final de ese año y las extensas movilizaciones que comenzaron a sacudir su naciente poder, tuvo que recurrir al lecho hospitalario de Peña Gómez en Estados Unidos para que regresara al país, hablara y tratara de detener la avalancha popular que se le venía encima.

Fue tan importante la misión de convencer al doctor Peña Gómez de que regresara y calmara a las masas perredeístas y de izquierda en el año 1997, que entre los enviados ante el entonces líder perredeísta estaba nada más, pero nada menos, que Juan Bosch, que se entiende aceptó ese encargo por sus comprobados padecimientos de Alzheimer, pues desde inicios de 1973 no se juntaba con José Francisco y si hablaba de él era para destruirlo política y moralmente.

¿Político o pedagogo?
Tal vez tenga yo un concepto ideal de la política y un estereotipo del táctico que se distancia mucho de los políticos pragmáticos que son capaces de forjar una carrera partidaria adornada de ideas progresistas y al final terminan como los conservadores más pragmáticos.

A ese tipo de comportamiento -sea político o de cualquier otro ámbito- en las montañas altas de Ocoa, donde pasé los primeros cinco años de mi niñez soportando fríos intensos todo el tiempo, le llamaban los adultos: “Hizo una carrera de caballo que terminó con una parada de burro”.

Fue lo que le pasó a Mijaíl Gorbachov, el dirigente que rindió sin batalla a la Unión Soviética ante un presidente norteamericano -Ronald Reagan- afectado por Alzheimer y que salvó su vida porque los servicios de inteligencia cubanos -con quien Estados Unidos no tenía relaciones- alertaron a sus pares norteamericanos de un inminente y muy peligroso segundo atentado contra su vida, que no solo fue comprobado, sino detenidos los complotados, incautado el armamento y discretamente agradecido el gesto cubano.

Como Gorbachov, que rindió a una potencia que tenía la gloria de haber derrotado al fascismo en Europa y Asia, que tenía armas tan poderosas que casi 30 años después siguen demostrando que eran capaces de defender su sistema y su territorio, en República Dominicana hay dirigentes políticos con aspiraciones presidenciales interminables que rindieron las ideas de liberación nacional y terminaron como neoliberales privatizadores, pero a la vez, cortaron la punta de su lápiz de tácticos para terminar como doctos de la pedagogía.

Un líder político real jamás abandona a su pueblo ni a sus compañeros aunque se vea abatido por las peores tempestades, al igual que un guerrero verdadero no deja a un soldado herido o rodeado en el campo de batalla porque sabe que corre riesgo de caer en las garras del enemigo y que este lo humille y lo remate.

¡Hay que arriesgarlo todo para estar junto a los suyos (pueblo o seguidor político) en los peores momentos de la amenaza e incluso de la eventual derrota! Ahí el valor político viene de la moral y de los principios en que se sustenta el liderazgo.

Pero lo que vemos aquí y ahora es a dirigentes políticos que apoyan el retorno de un expresidente, batiéndose con sus oponentes -que no son otros que los detentadores del poder- y su líder no se refiere a eso para nada y en cambio escribe la “parábola de la post-verdad”.

Ya se está volviendo “viral” que los políticos dominicanos más conspicuos post Balaguer, Bosch y Peña Gómez no tengan puntos de referencia elementales para diferenciarse de los mercaderes y embaucadores, cazadores de oportunidades resguardados por personajes ambiciosos y sin alma.

Eso explica -quizás- el desorden migratorio, el colapso del sistema de salud, la epidemia de feminicidios y embarazo adolescente, el auge del narcotráfico, la delincuencia, la corrupción y el profesionalismo de los sicarios, para los que no hay estrategias ni políticas, sino “jornadas y operativos” destinados solo a detener el “ruido”.

Y si escribo estas cosas a riesgo de ofender a ilustrísimas señorías, lo hago para ver si jóvenes se espabilan y a la inmensa potencialidad productiva y la belleza de este territorio, un día se le puede llamar país y a sus habitantes, ciudadanos.

Si este país sigue calcando el liderazgo de ambiciones y cobardías subsecuentes que neutralizan las energías de todo un pueblo y borran los ejemplos de hidalguía y sacrificio, estamos perdidos y la desgracia -no tarde- golpeará a millones.

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