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miércoles, 7 de febrero de 2018

50 años de romance con el folclore

Yaniris López
Santo Domingo
Curadora de contenido folclórico y popular, maestra de baile, periodista, fotógrafa, investigadora, asesora, tallerista… 



Xiomarita Pérez cumple este 2018 cincuenta años de relación continua con la cultura tradicional dominicana, un trabajo que disfruta de tal modo que prefiere decir que vive de tres hobbies: el folclore, la curaduría (“porque soy crítica”) y la corrección de pruebas.

¿Cómo te iniciaste en el folclore y cómo llegó este a formar parte esencial de tu vida? 
Me inicié sin pensar que esto iba a ser parte importante de mi vida. No sabía que ir con mi familia a los bares-restaurantes de Sosúa e Imbert, en Puerto Plata, escuchando danzones, bachatas y merengues, mientras mis padres bailaban, iba a dejarme huellas. También vacacionar en Gaspar Hernández, a donde Sofía, mi hermana de crianza, que en su patio tenía plantas medicinales; o donde don Dámaso Montán, en Lajas, Altamira, donde veía cómo se elaboraba el chocolate de semillas de cajuil. En Montellano visitábamos a doña Pruda y veía a las gallinas correr con sus pollitos; en mi casa había una fábrica de colchones de guata, se vendía carbón en saco, mamá hacía dulce de leche, jugaba “debajo del piso”, cantaba, montaba patines y por eso es que siempre se me ha facilitado hacer mi columna Folcloreando, porque son vivencias, nadie me las puede arrebatar.







¿Cómo visualizas, hoy día, el folclore que se vivía hace 30, 40, 50 años?

No conocía el vocablo folclore. Lo conocí después de muchos años y pensaba que el folclore era música y baile, ya que en el Ballet Folclórico de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), al que pertenecí por 27 años, a partir de 1974, solo se hablaba de investigaciones sobre este tema y de montajes. Luego es que aprendo que el folclore es el saber del pueblo, las costumbres, las tradiciones… y comienzo a archivar los recortes de periódicos (hemerografía) que trataban esos temas: gastronomía, artesanía, carnaval, etcétera.
En esos años era adolescente, no tuve contacto con René Carrasco ni con Edna Garrido. Sí tuve la satisfacción de conocer a Edna en el 2004, el mismo año en que me inicié como la primera directora nacional de Folclore, en septiembre. Luego, en 2005, doña Edna me suministró unos escritos mecanografiados  que se convertirían en la obra Reseña histórica del folklore dominicano, honrándome de tener el cuidado de la edición y el prólogo. En 11 días que duré en su casa en Virginia Beach hice una “maestría”, no me lamento de haberla conocido tan tarde.



No socialicé con René Carrasco, pero tuve la dicha en 2009 de descubrir, cuando yo trabajaba la Bibliohemerografía de mi autoría, que no era un simple costumbrista, como me “metieron” en la cabeza: fue un investigador, dejó huellas, sus conocimientos e investigaciones están plasmados en su álbum del Museo de la Cueva Colonial, con contenido de los cursillos “Folklo festivo dominicano” y “Lo que se pierde en Santo Domingo”.
A Fradique Lizardo lo conocí cuando regresó al país. Él revolucionó el folclore, haciendo investigaciones que no se habían realizado y las plasmó en algunos de sus libros. Recuerdo que el ballet de la UASD fue invitado a participar en una presentación en el Teatro Nacional a finales de los 70 junto a su grupo. Estos tres investigadores son un referente para la posteridad, sus investigaciones están ahí.

En el ballet de la UASD participé en dos investigaciones con el grupo, una sobre el carabiné y otra sobre los festivales folklóricos de La Isabela, Puerto Plata. Las demás investigaciones las realicé por mi cuenta, de las que poseo un archivo foto hemerográfico que fui armando poco a poco, cuando los recursos económicos me lo permitieron, a partir de la fundación de mi escuela de baile, EdoRitmos, en 1998.



El nombre Xiomarita Pérez es sinónimo de risa, buen humor, fuerza de voluntad. ¿Cómo haces para mantener ese optimismo a flor de piel con el paso de los años?

No paro de trabajar y en eso me ha ayudado mucho mi carrera: estudié Comunicación Social en la UASD, aunque no me gradué. El folclore es una pasión que me llena de satisfacción. Todos mis reportajes tienen un contenido folclórico, incluyendo las fotos y videos. Siempre vivo hurgando, me fascinan las estampas de los campos y pueblos, me deleito con la decoración de esos hogares, los cuales tienen un sello identitario de quienes los habitan. Si en el camino se pincha una goma u otro percance no me lamento, doy ideas y mientras se está resolviendo miro a mi alrededor las casitas, el ganado, el vendedor, converso con la gente, siempre tengo un proyecto nuevo, hago chistes, en fin, disfruto todo.
Siempre vivo inventando, la creatividad me fluye, es de familia.


A veces se te ve molesta por el abordaje que se les da en los medios de comunicación y en textos académicos a ciertos aspectos relacionados con el folclore.

Es que observo algunos contenidos no apropiados  cuando se escribe de folclore o cultura tradicional. Por ejemplo, en libros de autores, editoras que trabajan con textos escolares, revistas,  periódicos, documentales.
Me preocupa cuando pregunto en un taller qué es folclore y no saben definirlo, creen que solo es música y baile; cuando un dominicano que reside fuera del país dice que las costumbres y tradiciones se han perdido, desconociendo que la cultura se transforma, que lo que hay que hacer es ponerla en valor, recreándola; o cuando gestores culturales quieren ser los protagonistas echando a un lado los portadores de tradiciones.


Noris Decena, Ivette Reyes, María Mercedes Jiminián y Teonil Ogando formaron parte del equipo de Xiomarita Pérez en la Dinafolk.

Cuestiono a los fotógrafos que ponen a posar a los portadores de tradiciones en las manifestaciones de religiosidad popular, a editores de libros que utilizan fotos de una danza equis y cuando vemos la forma de bailar y los instrumentos pertenecen a otra danza, o cuando en las redes sociales publican una foto del “túmulo” de un Cabo de Año, violando su privacidad. También cuando los gestores o personas con desconocimiento sacan de su hábitat a grupos de portadores tradicionales, convirtiéndolos en grupos de proyección, transformándose poco a poco las tradiciones, en vez de preservarlas.
¿Más? Utilizar el verbo “rescatar” cuando se refiere a la cultura, en vez de “poner en valor”, cuando se escribe o se dice: Habrá folklore, cultura, carnaval, gastronomía, en vez de englobarlos y colocar ‘folklore’ o solo poner las categorías; la blusa “agualluvia”, que dejan ver los hombros en los grupos folklóricos, sin saber que nuestras campesinas eran cuidadosas en el vestir.



Después de 50 años trabajando e investigando, ¿qué sigue?

Estoy trabajando intensamente en la Fundación Memoria del Hogar Dominicano, cuyo objetivo es exaltar las costumbres y las tradiciones dominicanas, mediante la promoción, además de exponer y conservar la memoria y expresiones de la cultura tradicional y popular en sus diversas etapas, con propósitos didácticos y de promoción. Ya por lo menos tengo todo lo que irá en la casa, que no la tengo todavía, y me gustaría que sea en la Ciudad Colonial. Cualquier colaboración es bienvenida.
Sigo trabajando en la página folkloredominicano.com desde 2013, una casa virtual con mucho contenido para que estudiantes, investigadores o turistas puedan tener más de cerca nuestro país.
Quiero formalizar las giras folclóricas por el país, los rincones, el contacto con la gente, que le compremos a esos hacedores sus artesanías, la comida, bebidas e instrumentos musicales.


Las hijas de Xiomarita, Noelia, Amelia y Natalia Holguín Pérez, son las más entusiastas aliadas y colaboradoras del trabajo de su madre.



LEGADO 
Durante su gestión de ocho años en la Dinafolk, Pérez editó la obra “Bibliohemerografía de la cultura tradicional y popular dominicana” e inauguró el Centro de Documentación Folclórica, la Sala de Carnaval y las galerías del Merengue y la de Folcloristas.


CHARLA-TALLER

Esta noche a las 7:00, Xiomarita comenzará a celebrar sus 50 años trabajando el folklore con una charla-taller en el atrio central de DownTown Center, organizada por este centro comercial como parte del programa que se desarrollará  inspirado en el documental “Hay un país en el mundo”.
La idea del taller es que niños y adultos “conecten con los utensilios de los hogares dominicanos que se han transformado de utilitarios a decorativos”. 



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