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viernes, 19 de enero de 2018

Éxito de Vladimir le cambió la vida a todos en la familia

Freddy Tapia
Don gregoria, Nizao
El éxito y la fortuna alcanzados por Vladimir Guerrero en el béisbol le cambiaron a todos en la familia.

La fonda que tenía su madre Altagracia Albino y la necesidad de trabajar de noche en una fritura para tener con qué comer al día siguiente son hoy, a pesar de todo, un bonito recuerdo y el mejor argumento para darle gracias a Dios.

“El Señor nos ha bendecido y dado más de lo que merecemos”, afirma doña Altagracia, quien por su sazón se hizo famosa en las Mayores entre los jugadores compañeros y relacionados de la “Tormenta de Don Gregorio”.

Durante su carrera de 15 años en las Grandes Ligas, en la que vistió los uniformes de los Expos de Montreal, Angelinos de Anaheim, Vigilantes de Texas y Orioles de Baltimore, el otrora estelar jardinero acumuló una fortuna de 125 millones de dólares, 541 mil, 455 dólares (no incluye impuestos).

Fiel devota de la palabra de Dios, ella hace unos meses que volvió a hacer bollos de guáyiga, pan de batata y arepa los fines de semana, esta vez para venderlos a beneficio de un templo con capacidad para mil 200 personas que se está construyendo en la comunidad.

Le satisface que fruto de las ventas de esos productos cada mes aporta entre 20 y 25 mil pesos a la iglesia para ese objetivo.


“Es una forma de agradecer a Dios por todo lo bueno que le ha dado a la familia”, señala la progenitora de Vladimir, quien el próximo domingo 21 cumplirá 65 años. Por ello no es casual que se llame Altagracia.  

Casa y carro
Glennis, la más pequeña y única hembra de familia Guerrero-Albino, es más gráfica aún a la hora de hablar sobre las bondades del futuro inmortal y de la forma como le cambió la vida.

“Él nos hizo casa y compró vehículos a todos”, enfatiza la administradora de la tienda HG (Hermanos Guerrero), uno de los negocios que tiene “Mikea” en esta comunidad, donde es un semi Dios.

“Es el mejor hermano del mundo. Siempre tiene tiempo y está pendiente de nosotros”, considera Glennis, de 40 años.

“Vladimir ha sido como un papá para todos”, puntualiza Eleazar, el primero de los cuatro peloteros profesionales salido del vientre de Altagracia.

Eleazar está claro que su destino dio un desfavorable giro con los Dodgers de Los Ángeles en 1992, un año después que Pablo Peguero le firmara con un bono de 4 mil 500 dólares, porque reclamó que también ficharan a su hermano, quien tenía siete meses practicando con esa organización en el Complejo Campo Las Palmas.

“Ve fírmalo tú”, le dijo uno de los entrenadores que el popular equipo de la Liga Nacional tenía en su principal laboratorio de peloteros.

Al otro día fue cesanteado, lo cual entristeció a Vladimir, un hecho que le motivó a trabajar más fuerte porque una de las esperanzas de progreso que tenía la familia comenzó a disiparse.

“Eso lo motivó mucho y comenzó a entrenar más fuerte en las cosas que debía mejorar, como la velocidad”, señala el mayor de los Guerrero.

Vladimir tenía una gran fascinación por batear y tirar, dos innatas cualidades, pero lo pensaba dos veces para correr.

Ese triste episodio y la firma de Wilton Guerrero por los Esquivadores sirvieron de catapulta para que “Vlad” pusiera más empeño en ser pelotero profesional.

“Ya no había que llamarlo.

Él se levantaba solo y se iba a correr a la playa de Palenque”, recuerda Damián, el padrastro de quien estaba llamado a convertirse en el mejor pelotero de Nizao y zonasa aledañas.

Por su lado, Wilton Guerrero, el primero de la prole que tuvo un relativo éxito en el béisbol, elogia el empeño puesto por Vladimir para que no le falte nada a ninguno en la familia.

“Mikea es un excelente hermano. Dios ha bendecido esta familia con el privilegio de tenerlo”, apunta el ex infielder, quien jugó cuatro temporadas junto a su hermano con los Expos (1998- 200), adonde llegó desde los Dodgers en un canje en el que estuvo envuelto el lanzador Carlos Pérez.

“Vladimir nos lo ha dado todo”, subraya Julio, el menor de los cuatro hermanos que firmaron para el profesionalismo.

Guerrero, que al igual que Wilton fue torpedero, recibió un bono de 700 mil dólares por parte de los Medias Rojas de Boston en el 1998, pero un par de año después fue dado de baja.

“Es un grandes ligas como hermano. Siempre he estado con él y no tengo nada malo que decir porque no nunca ha dado motivo”, asegura Julio.

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