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lunes, 11 de diciembre de 2017

¡Vivir para contarlo!

Marta Quéliz
martha.queliz@listindario.com
Santo Domingo
“La verdad, la verdad... hubiese querido morir mejor y no vivir con este trauma y la angustia de que en cualquier momento salga libre y termine su obra”. Ahogada en llanto así cuenta Yudelka Soto la triste experiencia de ser una sobreviviente de la violencia de género.

Su esposo, con quien tuvo una relación de 11 años, le infirió 12 puñaladas, ninguna mortal físicamente, pero sí en lo emocional. Le falta un dedo de su mano izquiera, la mitad de una oreja, y tiene cicatrices en diversas partes del cuerpo. “Pero la marca más grande me la dejó en la mente. No logro quitarme de mi cabeza aquel 16 de octubre de 2013 cuando me dejó por muerta ante los ojos de mi mamá y de una de mis hermanas”, cuenta Soto, madre de dos varones procreados con su verdugo.

Las historias de Claudia Peguero y Rosa Elvira Ramírez no son distintas a la de Yudelka. Tienen en común haber sobrevivido a la violencia intrafamiliar que ha cobrado la vida de 92 dominicanas este año.

La diferencia de estos tres casos está en que el agresor de Claudia anda libre como si nada hubiese pasado; el de Yudelka guarda prisión, pero en pocos meses saldrá en libertad, y el de Rosa Elvira se suicidó luego de dejarla a ella por muerta.


A la lista de estas tres mujeres se suma la abogada Anibel González Ureña, quien también sobrevivió a la furia de su agresor, Yamiro Oscar Fernández (Ray), quien ha sido condenado a un año de prisión preventiva como medida de coerción, acusado de ocasionar heridas de arma blanca a su expareja.



TRES VOCES AUTORIZADAS
Sobre los traumas que causa el haber sido víctima de un intento de homicidio de esta índole, hablan el psiquiatra Rafael Serret y la psicóloga Olga María Renville, quienes coinciden en que en estos casos se hace necesaria la atención de especialistas que ayuden a esas mujeres a superar los miedos, la angustia y la incertidumbre.

El aspecto sociológico también cobra importancia al respecto. Para dar respuesta a la problemática desde esa óptica, Carlos Manuel Maldonado, sociólogo con especialidad en el área de sociedad y familia, trata el tema partiendo de la inversión de valores desde la primera infancia hasta la adultez.

Muerta en vida
La realidad que vive un gran número de mujeres en República Dominicana, en lo que a violencia contra ellas se refiere, es muy penosa, opina la psicóloga Olga María Renville. “Por más que se ha tratado de concienciarlas, muchas prefieren callar y no denunciar a sus agresores. Tanto es así que, conozco casos de algunas que viven para contarlo y nunca han denunciado la experiencia”, puntualiza.

Sobre esas mujeres que viven para contarlo, la experta en filosofía mental dice que es necesario que se les dé la debida importancia, pues hay las que quedan con traumas tan marcados que pueden llegar inclusive al suicidio, ya que la incertidumbre de que pueden volver a ser víctimas si su agresor queda vivo las deja como ‘muerta en vida’.   

Renville también pondera el apoyo de la familia y por supuesto de la sociedad. “A esas mujeres hay que prestarles atención, estar vigilantes y más que todo, buscarles ayuda de un especialista que le ayude a recobrar la confianza y seguridad en ellas. Las autoridades competentes que trabajan en áreas que tienen que ver con su protección también deben acogerlas y ayudarlas a superar los traumas”, enfatiza.

La opinión del psiquiatra Luis Rafael Serret no es distinta. A él le preocupa la alta incidencia de casos de violencia contra la mujer, y sin lugar a discriminación, le llama la atención el que se estén dando estos hechos en parejas con alto índice de conocimientos. “Porque no es que una profesión te va a quitar la ira y tus instintos violentos, pero sí te puede ayudar a tener un grado de conciencia de que debes recurrir a un especialista para que te ayude a evitar llegar a esos términos funestos que a veces no solo dejan como víctima a la mujer, sino al mismo agresor, y por supuesto a toda la familia que queda sumida en el duelo”, puntualiza.

Dos casos pertinentes a la reflexión de Serret son dos hechos recientes: el de Geraldín Sánchez, de 29 años, quien presuntamente murió a manos de su expareja, el abogado Martín Batista Ogando, así como el de la abogada Anibel González Ureña, quien sobrevivió a la furia de su agresor, el empresario Yamiro Oscar Fernández (Ray).

La historia de Yudelka
“Cuando mi hijo de 11 años vio que moví un pie fue que se dieron cuenta de que yo había quedado viva. Hoy vivo para contarlo, pero me persigue esa sombra de ese malvado que acabó con mi vida. Sí, porque vuelvo y le digo, yo solo estoy viva porque respiro”.

Así lo cuenta sin poder evitar que las lágrimas llenen los puntos suspensivos que deja su silencio. Fue un 16 de octubre de 2013 que su cuerpo casi sin vida cayó en la acera de un colmado próximo a su casa, donde fue a comprarle una merienda a sus niños en compañía de su hijo de 11 años, quien fue testigo de la agresión.

“Él esperó que saliera del colmado y aprovechó que eran como las 2:00 de la tarde y casi no había gente por ahí. Se me acercó como a decirme un secreto y me clavó el puñal tratando de que el niño no se diera cuenta, le agarré la mano y me cortó un dedo. Se montó en su motor y se dio a la fuga”, relata Yudelka reviviendo aquel duro momento. Tres semanas después la policía dio con su paradero. Fue condenado a 15 años de cárcel porque también era buscado por otros delitos. “Pero para mi mala suerte, dizque saldrá en el 2018 porque su familia ha hecho de todo para sacarlo”, dice angustiada.



Libre y sin cargos
Así anda la expareja de Claudia Peguero, pese a que por su agresión ella duró tres meses en cuidados intensivos en un hospital de la capital. “Quedé viva sí, pero nunca podré tener paz. Ese hombre me dio una paliza que me dejó por muerta, y lo peor es que por tener buenas relaciones con la justicia, como dijo él, anda suelto y sin ningún cargo en su contra”, cuenta cabizbaja.

Dice que le preocupa que él ande haciendo y deshaciendo por ahí, y que en cualquier momento quiera agredirla de nuevo, pues a ella no le ha valido mudarse, siempre descubre dónde vive con el pretexto de que necesita saber dónde vive su hija de ocho años. “Usted no se imagina lo grande que es esto. Vivo con miedo, creo que todo el mundo que se me acerca es porque él lo mandó a terminar de matarme. He ido a terapia, pero es más fuerte el temor que tengo de saber que él anda por ahí, que los resultados que pueda conseguir con las terapias”, sostiene con un evidente temor.

Su miedo, sin embargo, no le impiden llamar a las dominicanas a que denuncien a sus agresores y a que se alejen de ellos.

“Ni muerto me deja en paz”  
“Desde que me disparó las dos veces, él se suicidó. Yo quedé incosciente y un vecino me llevó en su vehículo al hospital de Engombe. Duré varias semanas entre la vida y la muerte y gracias a Dios estoy viva porque mis tres hijos me necesitan”, comenta Rosa Elvira Ramírez, quien es madre de unos mellizos de cinco años y una niña de tres años.

Pero aunque se siente agradecida de esta oportunidad de vida, asegura que no sabe si realmente esto es vivir. “No duermo tranquila, no logro borrar esos ojos llenos de rabia que tenía el día que intentó matarme. Me dijo: ‘Muérete perra, muérete’. No me dio tiempo a hablar, y sé que fue la mano de Dios que no permitió que la bala me diera en el corazón, pero estuvo cerca. De verdad que no sé si a lo que estoy llevando ahora mismo se le puede llamar vida”, relata con tristeza. El haber sido víctima de violencia por parte de su esposo la lleva a reflexionar sobre la vulnerabilidad en que viven muchas dominicanas que no cuentan con la protección necesaria por parte de las autoridades.

 Un tema para abordarlo en cualquier época del año
El sociólogo Carlos Manuel Maldonado asegura que en el país ha habido un revés tan notorio en torno a la violencia contra la mujer que: “Señores, ya no hay que esperar el 25 de noviembre para hacer un gran despliegue de este tipo de historia. Todos los días hay una nueva historia que obliga a los medios a no soltar el tema. Son 92 mujeres que han fallecido en este año, cuyos hechos han ‘matado’ también a sus hijos y familias. Son pocas las que sobreviven, y aunque lo hagan, realmente tienden a morir por dentro, eso es penoso”, dice.

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