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martes, 28 de noviembre de 2017

Un año después de la tragedia: controladora aérea habla de los momentos finales del Chapecoense

“Esto no se olvida. Es muy difícil pasar la página, y todos los días duelen las heridas que quedaron de aquella noche“, afirma Yaneth Molina, controladora aérea que fue testigo de excepción de la tragedia del avión que se estrelló en Colombia cuando transportaba al equipo de fútbol brasileño Chapecoense, el 28 de noviembre de 2016.

Sus declaraciones ocurren a un año del fatal accidente, en el que murieron 71 personas y seis sobrevivieron.

Molina, una colombiana con 23 años de experiencia, siguió minuto a minuto la tragedia del avión de la línea aérea boliviana LaMia. Entre los pasajeros, el equipo de fútbol brasileño viajaba a Medellín (Colombia) para jugar, frente al Atlético Nacional, el primer partido de la final de la Copa Sudamericana.


La aeronave se estrelló en Cerro Gordo, una colina localizada a tan solo cinco minutos de vuelo –o 17 kilómetros– del aeropuerto José María Córdova, próximo a Medellín.

¿Por qué yo?
“¿Por qué esto me tocó a mí? Creo que fue una prueba de Dios”, se pregunta y responde Molina al evocar los hechos que, según ella, también la convirtieron en “una víctima más” del fatídico vuelo 2933, reportó el diario colombiano El Espectador.

En entrevista, Molina dice que quedó en la mitad de la tragedia: horas después “fue divulgado mi nombre, sufrí señalamientos, amenazas. Me convirtieron en centro de toda clase de hipótesis“, reclama.

La controladora aérea comenzó su horario laboral a las 18:00 horas, justo cuando despegaba la nave al mando del capitán Miguel Quiroga. “Si pudiera volver en el tiempo, no estaría en ese turno”, sostiene.


El avión, con autonomía de 2.965 kilómetros, emprendía un vuelo hasta Medellín: un trayecto que normalmente se cubre en 4 horas y 22 minutos, pero que implica 2.973 kilómetros de recorrido.

Sin combustible
Todo avión debe tener combustible de reserva para llegar a un aeropuerto alterno y permanecer 45 minutos más en el aire, según las normas. Este no fue el caso de la aeronave de LaMia, pero aún así despegó: el piloto anunció que haría una escala a mitad del trayecto, en la ciudad boliviana de Cobija. Que nunca se cumplió.

Cuando la nave se aproximaba a su destino, Molina había activado los protocolos de emergencia para atender el pedido de aterrizaje de otro avión, que presentaba fuga de combustible. Para entonces, el capitán de LaMia urgía la misma pista, pero no declaró la emergencia que le hubiera dado prioridad.

A las 9:58 de la noche se produjo la última comunicación del piloto, con un pedido reiterado y desgarrador de ‘vectores’, lo que en lenguaje coloquial viene a ser una ruta directa para alcanzar la pista. Pero el avión ya no estaba en el radar de la torre de control.

“Todas las imágenes van y vuelven, a veces lloro, otras me contengo, las voces retumban en mi cabeza. Y al final, me pregunto: Si yo hice las cosas bien, ¿qué pasó?“, manifiesta Molina.

Amplían el plazo de las investigaciones
Con resignación, sabe que este 28 de noviembre volverá a estar en la sala de radar. Será otra jornada de mucha intensidad.

Por su parte, la Justicia boliviana amplió por otros seis meses las investigaciones que sobre ese caso realiza el Ministerio Público del país andino.

Tras el trágico incidente, la Conmebol declaró al Chapecoense campeón del torneo, el segundo más prestigioso entre clubes del continente americano.

Con información de Actualidad RT.

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