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sábado, 18 de noviembre de 2017

Medina con el PLD en sus manos

Guarionex Rosa
Sin que tenga siquiera una terna de la cual podría escoger el candidato a la Presidencia de la República en las elecciones de mayo del 2020, el presidente Medina, que ha dicho que no va a la reelección, tendría que aplicar el “dedazo” en caso de un tranque partidario.

Medina está a dos años y medio de las elecciones en un lugar de aceptación cómodo si se considera que ha sido combatido durante más de cinco años por la oposición y porque entre sus funcionarios menudean los que se aferran a malas costumbres y a la riqueza rápida.

Con todo y lo que se diga ahora que el presidente Medina no correrá en las elecciones del año 2020, porque tiene que ocuparse de su familia que en alguna medida ha descuidado por el ejercicio del poder, la historia no favorece a los apostadores por la no reelección.

Medina está trabajando sobre el quinto año de su mandato de ocho con la reelección, como el primer día y para el 2020 cuando se celebren las elecciones, si no ocurriera una situación ahora imprevista, dejará tantas obras públicas que su aprobación podría ser alta.


En su partido, aspirantes podrían no faltar para la posición que la disputa principalmente el expresidente Leonel Fernández, pero el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) carga con su baja tasa de aceptación según dicen las encuestas.

Que el presidente Medina no busque la reelección podría ser un supuesto de lo que muchos dominicanos se convencerían a último momento. Para la fecha, Fernández tendrá un buen tramo recorrido y querrá la postulación aunque sepa que bailaría su último couplé.

Fernández tendría que contar para la postulación en su partido con la aprobación del presidente Medina. Los dos hombres públicos se odian de manera disimulada ya que hay rencores políticos y hasta personales que son insalvables.

El dedo de Medina
El dedo del presidente sería, si el doctor Fernández se ve en apuros con sus numerosos adversarios de la oposición y de la llamada sociedad civil, el que decidirá cuál pudiera ser el relevo que ahora mismo no se vislumbra porque el PLD tiene escaso liderazgo de alto rango.

Fernández cumplirá 64 años el próximo 26 de diciembre, lo que lo coloca en la tercera edad, no como envejeciente, aunque lo rechazarían como sujeto de crédito en el sector financiero, por su sistema de no prestar a los adultos mayores.

Si bien el presidente Medina ha ganado la mayoría de las batallas entre los dos líderes partidarios gracias a su astucia, a que se preparó para dominar el partido y a los refuerzos que otorga el poder, Fernández ha tratado de contrarrestar lo que era el año pasado mala imagen.

Sabio y pulido en las lidias, ha escogido el escenario internacional para su exposición como estadista capaz de intervenir en conflictos internacionales, sin descuidar el patio. Ha rehecho relaciones con antiguos amigos críticos que ven a Medina como enemigo común.

El doctor Fernández ha sabido conquistar, quizás diciendo que el régimen de Medina ha sido más corrupto que los tres suyos y que una nueva oportunidad le permitiría enmendar errores, hasta críticos acérrimos que ahora son tiradores contra la figura presidencial.

Pocos presidenciables
Hay pocos presidenciables en el PLD. Ninguno de los que se promueven o aspiran en silencio con el talante de Fernández y Medina. Algunos que están en puestos públicos, irían ante el Departamento de Persecución de la Corrupción en el caso de un percance electoral.

De los antiguos aspirantes presidenciales en las elecciones del año pasado, quedan vigentes el eterno secretario general del partido y cabeza principal de un clan familiar, Reinaldo Pared Pérez, uno que ha sabido nadar y guardar la ropa. Con el escándalo de la Odebrecht dijo a la prensa: “Crucé por el lodazal y no me enlodé”.

Aunque senador de la capital desde siempre, Pared Pérez sería un candidato difícil de mercadear. Sus críticos se quejan de que no ha visitado los barrios del Distrito Nacional, excepto en períodos electorales y que no ha hecho nada por San Carlos, donde nació.

San Carlos, a pocas cuadras del Palacio Nacional era en gran parte propiedad del antiguo Consejo Administrativo, que es ahora la Alcaldía del Distrito Nacional. A falta de diligencias, el cabildo no ha entregado títulos a familias que tienen allí 60 y más años.

El ex alcalde Roberto Salcedo, quien duró más de tres lustros en el puesto y no recogió la basura, no pintó los cementerios ni atendió los mercados, es otro que según dicen, para incredulidad de la gente, tiene un proyecto presidencial dispuesto a lanzar.

Otro que aspira a conseguir la postulación presidencial es Francisco Javier García,  ministro de Turismo,  a quien respalda una avalancha mediática derivada de publicidad y patrocinio para tirios y troyanos, y quien recibe frecuentes reconocimientos.

En el Palacio solamente sobresale como un posible postulante a la Presidencial el ministro Gustavo Montalvo, miembro del Comité Central del PLD, pero sobre todo visto como un préstamo de la sociedad civil que ha perseguido tanto a Fernández como a Medina.

Una cabeza importante en el régimen, José Ramón Peralta, ministro administrativo de la Presidencia, al parecer no tiene ningún interés de ser considerado, sino que podría aspirar su retorno a ocuparse de los negocios familiares que dejó cesante al asumir la posición.

Más que un político capaz de ganar las elecciones internas del PLD frente a figuras como el doctor Fernández o su esposa, Margarita Cedeño, Montalvo trasunta el perfil del burócrata que trabaja sin descanso pero sin apostadores ni militancia porque está a la sombra de Medina.

De los que aspiraban el año pasado a la postulación, dos están marcados por el escándalo de la Odebrecht, Radhamés Segura y Temístocles Montás, aunque el último anda prodigando su palabra quizás creyendo que el público olvidó su calidad de solícito portador de malas noticias para la economía de la gente pobre.

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