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domingo, 5 de noviembre de 2017

Algunos dominicanos-cubanos célebres

Marcos Antonio Ramos
Las grandes emigraciones dominicanas a Cuba fueron provocadas por las grandes dificultades experimentadas por la población con motivo de la cesión de Santo Domingo a Francia (1795) y la ocupación haitiana (1822-1844) de la nación que había proclamado en 1821 una primera independencia que resultó efímera. El occidente de La Española, isla de donde partió hacia Cuba Diego Velázquez en 1511 y de donde salieron los que llevaron la civilización al Nuevo Mundo, había sido ocupado por los franceses y estos lograron en 1697 que parte del territorio se les cediera por España.

Lejos estarían de pensar los responsables de esa decisión que provocarían la amarga experiencia sufrida en el siglo XIX por nuestros hermanos, descendientes como nosotros de españoles, aborígenes y africanos, en el oriente de la tierra amada por Colón.



A partir de 1795 y especialmente después de 1822, el número de dominicanos radicados en Cuba sería de varios miles. A fines del siglo XVIII y como resultado de rebeliones de esclavos y represión francesa, la industria azucarera de Haití quedó casi destruida por completo. Había sido la colonia más rica del mundo, condición que pasaría pronto a disfrutar la Cuba española. Para el pueblo dominicano sería todo lo contrario, su territorio quedaría casi despoblado y un enorme sector, que incluiría a personas con gran cultura, se vería obligado a radicarse en Cuba, Venezuela, Méjico y otros lugares.

Las autoridades coloniales no estuvieron necesariamente a la altura de las necesidades de esa emigración de personas leales a la cultura hispánica y a la identidad nacional de su hermosa tierra. Larga ha sido la lucha de los dominicanos por preservar su identidad ante la influencia haitiana. Debo señalar que Carlos Esteban Deive publicó en 1989 un libro muy valioso: “Las emigraciones dominicanas a Cuba”.

Nuestro primer historiador era dominicano, el benemérito obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz. También dominicanos eran Esteban Pichardo, autor del primer diccionario de cubanismos: “Diccionario Provincial casi razonado de voces cubanas” (1836) y Juan de Mata Tejada, introductor de la litografía en Cuba. Nuestro primer poeta nacional, José María Heredia, era hijo de dominicanos, como su primo del mismo nombre, el autor de “Los Trofeos”, cubano radicado en París que se convirtió en el primer americano elegido a la Academia Francesa. También lo era otro primo cubano, Ignacio Heredia, ministro de Obras Públicas en Francia. El gran promotor de cultura y una figura fundamental de la historia de Cuba en el siglo XIX, Domingo del Monte, nacido en Venezuela, era hijo de dominicanos. El apellido materno del padre de nuestro primer poeta nacional era Mieses, apellido de Franklin Mieses Burgos, el poeta dominicano de la Poesía Sorprendida, a quien muchos queremos honrar en la Feria de Miami.

Una obra imprescindible es “Panorama Histórico de la Literatura Cubana” de un dominicano que vivió y brilló en Cuba, Max Henríquez Ureña, hermano del maestro de América el humanista Pedro Henríquez Ureña, que también estuvo entre nosotros. Max era el padre de Hernán Henríquez, inolvidable amigo y hermano cuya amistad debo a Ariel Remos. Esa familia la consideramos como cubana a pesar de su nacimiento dominicano. Enrique C. Henríquez (“Cotú”) fue representante a la Cámara y cuñado del presidente Carlos Prío Socarrás. Además de autor de libros sobre Cuba, el amigo “Cotú” promovió la fundación en Cuba en 1939 del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y trajo al país a Juan Isidro Jiménez Grullón y a Juan Bosch. El profesor Bosch fue autor de “Cuba la Isla fascinante”, uno de los textos más hermosos escritos sobre la patria de Martí. La lista de dominicanos radicados en Cuba en la Era de Trujillo es larguísima, incluye a Angel Miolán, muy querido en el país y a otros políticos importantes. El episodio de Cayo Confites es parte de la historia dominicana y también de la cubana.

La amistad de José Martí con Federico Henríquez y Carvajal, a quien llamó siempre “hermano” y la cooperación dominicana a la independencia de Cuba las he descrito en otros artículos. Nuestro gran libertador, el generalísimo Máximo Gómez, era dominicano. De familia dominicana Mariana Grajales, la madre de los Maceo. Loynaz del Castillo nació en Puerto Plata de padres cubanos. Menciono a este ilustre compatriota para hacer resaltar que cientos de cubanos encontraron refugio en la patria de Duarte durante las luchas independentistas. Y cientos de dominicanos murieron en Cuba luchando por nuestra independencia.

Por otra parte, todavía están abiertas a los cubanos las puertas de Santo Domingo, así ha sido en todas las épocas y con todos los gobiernos pues hasta los dictadores del pasado nos han acogido generosamente en Dominicana. Cuba ha reciprocado. En nuestra isla nació un descendiente de uno de los padres de la patria dominicana, Ramón Matías Mella. Independientemente de ideologías, su nombre es parte de la historia de Cuba. Me refiero a Julio Antonio Mella.

El más conocido comunicador social entre los cubanos emigrados es un dominicano con abuelo cubano, Oscar Haza. Son algunos nombres de una lista interminable. Mi intención, le decía a Yunis Segura, José A. Gutiérrez y Tiberio Castellanos en aquel “Viernes Cultural” era simplemente hacer justicia.



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