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jueves, 19 de octubre de 2017

Limpiabotas en busca de superación

Melissa Gómez
Santo Domingo
Eran las nueve y media de la mañana del domingo, cuando dos jóvenes limpiabotas se encontraban conversando en la avenida Bolívar con Winston Churchill.

Sus rostros se veían cansados y sus aspectos parecían de trasnocho. Al acercarme a hablar con ellos, solo uno aceptó responder todas mis interrogantes.

“La vida muchas veces no te da lo que te mereces”, dice Rafael Lara, de 20 años, oriundo de San Cristóbal. Inició con esta labor  a los ocho años; esa fue su desdicha, que en vez de estudiar y ocuparse de las cosas que hacen los niños de su edad, tuvo que trabajar para sustentarse.

Lara comenta, con voz triste, que la suerte no le tocó, ya que sus padres no se ocuparon de él. “Simplemente no les interesó que yo me superara, y la mayoría de veces uno no es delincuente porque quiere, sino porque las personas responsables de cuidarnos no hacen su trabajo”.

Sus días parecen noches y las noches parecen días, no vive con  la presión del tiempo, hace énfasis que cuando no tienes quien se conduela de ti, la vida se pasa y ni cuenta te das. Esa es la realidad de vivir en la calle, ser un simple limpiabotas y no tener la oportunidad de ser un joven normal.

“Estoy tratando de seguir adelante aunque no tenga ningún apoyo, curso segundo de bachillerato y quiero hacer una carrera universitaria como Ingeniería Industrial; colaboro también en una fundación que se llama Visión Mundial, haciéndoles música, porque creo que nací para la música”, afirma el joven.


El deber ante la necesidad
Otro caso similar, pero con resultados diferentes es el de José, de 17 años, hijo de madre soltera, sin embargo, tiene un espíritu de progreso. Cuando cumplió los 13 años, decidió entrar en el negocio de limpiabotas por las exigencias de su abuela de que tenía que ayudar a su madre.

Este no era un simple limpiador de zapatos, sino que además estudiaba y practicaba pelota desde temprana edad. Esto lo distinguía de los demás muchachos como él, ya que tenía esa energía de labrar su propio destino, actitud que lo ha fortalecido y le ha ayudado a trazar el camino que quiere para su futuro.  

Al recordar sus días de trabajo, destaca que los bancos, las grandes plazas y los supermercados le permitieron tener una clientela fija al momento de conseguir un segundo empleo que le permitió dejar de limpiar zapatos.

Actualmente se encuentra terminando el bachillerato y tiene posibilidades de ser firmado en las Grandes Ligas, asegurando “es mi mayor deseo”.

Solo tenía $50.00 pesos
Raúl es otro joven de 15 años, igual que José y Rafael, carence de disponibilidad económica y proviene de una familia disfuncional, lo que ha sido para él una disyuntiva en su corta edad. El adolescente, resalta, quiere estudiar y llegar a ser alguien más que un simple limpiabotas en un futuro.

Su madre murió cuando apenas tenía 9 años, su papá al verse solo decidó mandarlo a vivir con su abuela, una señora de 80 años, sin fuerzas para mantener a un jovencito, la idea que se le ocurrió fue mandarlo a trabajar. Emprendió en este oficio sin tener los insumos necesarios y con apenas $50.00 pesos en los bolsillos, los cuales ha logrado multiplicar y de esa manera ayudar a su abuela, por lo menos con la comida.

Tanto él como su abuela entienden que deberían existir programas que protejan a las personas como ellos, ya que él y sus compañeros de labor tienen derecho a una educación y vida digna.

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