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sábado, 21 de octubre de 2017

Con toda la esencia de la primera

Pachico Tejada
Santo Domingo
Además de un atrevimiento, realizar la secuela de una película como “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982), una obra que con los años  ha tomado un prestigio que la han convertido casi en un clásico, es gran un riesgo.



Sobre todo si se es, como es el caso, un realizador cuyo prestigio va subiendo con cada filme que realiza (“Prisoners”, 2013; Sicario”, 2015; “Arrival”, 2016).

Por esa razón el mismo Denis Villeneuve (Trois-RiviËres, Québec, Canada, 1967), era consciente de la presión a que se sometía. “Sé que cada fanático entrará al teatro con un bate de béisbol”, ha declarado, y que daría todo lo que tiene para hacerlo bien.

Y lo logró. “Blade Runner 2049” es una hermosa película de ciencia ficción que tiene toda la esencia de su predecesora. De hecho, esta sobrevive por ella misma y se aprecia sin necesidad de haber visto la anterior.

Mal valorada en su memento, “Blade Runner” es un filme de culto al que, como muchas otras piezas de arte, el tiempo las coloca en su sitio.

En ella, con una historia que se desarolla en el año 2019, se valora la mezcla de género (film noir y ciencia ficción), estética visual  cirberpunk, buena fotografía y dirección de arte, que hicieron de la ambientación una pesimista visión del futuro.


Todo esto con diálogos contundentes (la línea final que pronuncia Roy Batty, encarnado por Rutger Hauer), y la metáfora entre los “replicantes” Nexus 6 y Tyrell, su creador, paradoja entre dios y el hombre, que pide más tiempo de vida.



La presente, que se desarrolla 30 años después de aquella, es protagonizada por Ryan Gosling, como el blade runner K, quien tiene que hacer frente a nuevos replicantes que tienen más tiempo de vida que los anteriores y que son creados por la compañía Wallace.

Durante la realización de su trabajo se topará con algo inesperado que lo llevará a investigar y descubrir algo que cambiará su forma de ver el mundo y la sociedad en la que vive.

La esencia de la primera está presente en este filme, del que valen cada plano de sus 2 horas 44 minutos de duración.   

La densidad de su propuesta argumental, la armósfera de toda la película, creada sobre todo por el maravilloso trabajo de fotografía de Roger Deakins (“Skyfall”, 2012, “¡Ave, César!”, 2016), y la búsqueda ideológica y filosófica que tienen las grandes piezas de ciencia ficción, está presente en la obra de Villeneuve, sobre todo en las dudas que tiene que aclarar el personaje de Gosling (perfecto, ya que con su escaso rango expresivo logra transmitir lo que siente).

Como en la primera, los replicantes buscan repuestas de sus creadores, y soñarán (como en la novela de Philip K. Dick, en que se inspira esta película) que pueden ser iguales o mejores que los mismos humanos. “Morir por una buena causa es lo más humano que podemos hacer”, dice uno de ellos en una escena.

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