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lunes, 21 de agosto de 2017

Para conseguir lo mejor, prepárate para lo peor

Jonathan D’Oleo Puig
Especial para LISTÍN DIARIO
William Edwards Deming, extinto asesor empresarial y uno de los gestores del renacimiento industrial japonés, puntualiza en su libro “Saliendo de la crisis” que el que se prepara para lo peor es al que le va mejor. Valida esta tesis señalando el hecho de que los cuerpos de bomberos que entrenan más rigurosamente para responder a escenarios catastróficos e improbables son los que exhiben el mejor desempeño en su labor de cuidar a la población.

No obstante, usualmente las críticas no se hacen esperar ante el afán de un individuo u organización de prepararse para una crisis poco probable. Es por eso que el líder que desarrolla planes de contingencia no puede ser un esclavo de la popularidad ni de las vanas apariencias, sino tener un compromiso inflexible con el más alto estándar de excelencia al tiempo que se conduce con el mayor grado de prudencia.

A veces, de hecho, debe ser cual director de orquesta que dándole la espalda a la audiencia ejecuta su labor hilvanando multitud de partes individuales para conformar un todo que opere en beneficio de todos. Esto, aun cuando no todos favorezcan las altas exigencias del líder en torno al reclutamiento, capacitación y empoderamiento del personal que actuará en la eventualidad de una catástrofe descomunal.


Consideremos los US$600,000 millones al año que invierte Estados Unidos en defensa militar. Muchos miembros de la sociedad estadounidense critican fuertemente al gobierno por ese nivel de gasto en armamentos bélicos. Los críticos consideran inaceptable que más de un 50% del presupuesto discrecional de la nación se consuma en algo que ellos entienden ser una inversión poco rentable que representa una innecesaria afrenta a la humanidad.

Si bien los beneficios medibles de la inversión en defensa militar puede que sean pocos o ningunos en el corto plazo, aquellos que escapan los parámetros de medición y redundan en el bienestar societario a largo plazo son muchos y repercuten positivamente en casi todas las esferas de la sociedad. Por un lado, está el elemento de percepción de que se vive en una nación segura y capaz de disuadir, amedrentar, contener y enfrentar al enemigo de manera tal que el mismo fracase grotescamente en su gesta por vejar a los ciudadanos que viven dentro y fuera del territorio nacional.

Dicha percepción trasciende el dominio militar e impacta significativamente la dinámica económica. Esto debido a que en un ambiente seguro y estable la gente está más dispuesta a asumir riesgos para perseguir éxitos. Naturalmente, en un ambiente inseguro e impredecible el público general no tendría el mismo entusiasmo y arrojo para emprender y sus sueños realidad hacer.

A pesar de estas y otras realidades que justifican la inversión en defensa militar, los beneficios que se generan a partir de la misma no son reconocidos por los críticos simplemente porque tales beneficios no se pueden medir en el corto plazo. Los que hacen esa valoración comenten un gran error. Parecen descartar sumariamente la realidad irrefutable que no todo lo importante es medible y no todo lo medible es importante.

Por otro lado, está el denominado “spillover effect” o efecto de derrame que tiene la inversión en defensa militar, especialmente en el ámbito de la ciencia y la tecnología. Innumerables las innovaciones tecnológicas que han surgido de la industria de defensa militar. Cosas tales como la internet, el satélite y la cápsula endoscópica tuvieron su origen en los programas de defensa de Estados Unidos, la Unión Soviética e Israel respectivamente.

En el individuo
A nivel individual podríamos decir que la vida del ser humano cambia más significativamente cuando este se enfrenta a situaciones de emergencia. Enfermedad, crisis financiera, soledad, guerra. Estas son cosas que afectan la mente y el corazón de un individuo de forma extraordinaria. Mucho más que la salud, la riqueza, el compañerismo o la paz, en cierto sentido. Sin embargo, es en tiempo de salud, riqueza, compañerismo y paz que uno se debe preparar para el tiempo de enfermedad, crisis financiera, soledad y guerra.

En síntesis, tomando en cuenta este breve análisis desarrollado a partir de la observación hecha por William Edwards Deming, inferimos que preparándonos para los peor cuando estamos mejor, nos permite permanecer mejor y mejorar por un periodo de tiempo más prolongado. Y cuando se materializa lo peor, si nos coge preparados, es probable que le pongamos fin más temprano que tarde y terminemos mejor de como estábamos cuando se presentó lo peor para retarnos.

El autor es economista. Sitio web: www.jonathandoleo.com

EL EXPERTO SUGIERE:
No ser esclavo de la popularidad ni de las vanas apariencias, sino tener un compromiso inflexible con el más alto estándar de excelencia al tiempo que se conduce con el mayor grado de prudencia.

Es en tiempo de salud, riqueza, compañerismo o la paz, que las personas deben prepararse para las situaciones de emergencia, enfermedad, crisis financiera, soledad, y hasta la guerra, así podremos superar más rápido los problemas.

Tener visión 
Aún cuando no todos favorezcan las altas exigencias del líder en torno al reclutamiento, capacitación y empoderamiento del personal, éste debe preparar su equipo para las eventuales crisis que se podrían generar en la organización, fortaleciendo su capacidad de respuesta efectiva ante cualquier situación.

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